Claves que todo cristiano debe conocer sobre el aborto (antes de debatir)

¿Por qué deberían los cristianos oponerse a la legalización del aborto? ¿De qué manera pueden involucrarse efectivamente en el debate?

Como cristianos no podemos ser ajenos a la dinámica de la sociedad en la que vivimos. Varios de los temas que se debaten ponen en riesgo libertades que han costado muchos siglos y sangre y que, por supuesto, no solo nos afectan individualmente, sino como familia, iglesia y sociedad, obligándonos a tomar una postura definida, sólida e informada. Dicho esto, ¿de qué manera podemos los cristianos involucrarnos efectivamente en el debate? ¿Cómo podemos cumplir con el mandato de las Escrituras de presentar una defensa del evangelio y de nuestras creencias en medio del clima hostil hacia el cristianismo, por los sectores que justamente han hecho banderas del aborto?

Para responder estas preguntas, primero hay que comenzar por entender que la problemática del aborto es tan antigua como las civilizaciones mismas y cómo fueron entendidos el aborto y el infanticidio entre romanos y griegos. Segundo, debemos comprender cómo el cristianismo, al entrar en escena, modificó lentamente los paradigmas sobre el aborto y el infanticidio. 

Tercero, es clave revisar el uso del lenguaje y el estudio de los argumentos en el debate actual. Cuarto, debemos comprender cómo las estadísticas y su interpretación son usadas en el debate influyendo en la opinión pública. Quinto y último, debemos establecer formas efectivas en que el cristiano puede incorporarse al debate y también de qué forma, como comunidad, hacer una verdadera diferencia en la vida de las mujeres que se ven ante la disyuntiva de abortar o no.

El aborto y el infanticidio en el Imperio romano

Tanto el aborto como el infanticidio fueron una práctica común en el mundo antiguo. Sin embargo, al igual que en la actualidad, suscitó fuertes controversias filosóficas, religiosas y jurídicas. Las diferentes escuelas de pensamiento griego diferían en su visión: los pitagóricos consideraban al feto como dueño de un alma, siendo entonces un ser animado desde el momento mismo de su concepción. Hipócrates, en su juramento, prohibió la administración de cualquier tipo de abortivo. Por su parte, PlatónAristóteles y algunos estoicos como Séneca, por distintas razones y pese a aceptar la existencia de un alma, consideraron el aborto y el infanticidio como opciones válidas bajo circunstancias, especialmente en el caso de recién nacidos con defectos físicos. 

Roma, si bien hizo eco del pensamiento griego, se concentró en el aspecto jurídico del aborto, ahondando en el concepto de persona como sujeto de derechos y estableciendo una diferencia jurídica entre el nasciturus (no nacido) y el natus (nacido). La postura predominante entre los juristas romanos fue que el concebido no fuera considerado persona como tal. Sin embargo, como se trataba de una persona eventual, se le debían reservar y tutelar aquellos derechos que desde el momento del nacimiento se le habrían transmitido. Además, su capacidad jurídica debía calcularse desde el momento de la concepción, no desde el momento del nacimiento1.

Con el advenimiento del cristianismo, si bien las consideraciones jurídicas permanecerían en vigor, las filosóficas comenzarían a ser desafiadas. El paleocristianismo comenzó a jugar un papel cada vez más preponderante al divulgar el valor especial que, según las Escrituras, se le otorga a la vida humana en tanto reflejo de la imagen y semejanza Divina, concepto revolucionario para la sociedad de la época.

El cristianismo entra en escena: Imago Dei

El cristianismo hizo su aparición en el Imperio romano durante las últimas dos décadas de la primera mitad del primer siglo, y expandió con éxito la concepción judía acerca de la dignidad de la vida humana, novedosa para la sociedad romana de entonces. El cristianismo, que abreva doctrinalmente del judaísmo, consideraba la vida humana como sagrada, por cuanto el hombre creado por Dios es reflejo de Su imagen y semejanza. Esta creencia fue desarrollada filosófica y teológicamente en el concepto de Imago Dei, según el cual todo miembro de la raza humana tiene dignidad en sí mismo y por ende su vida es sagrada desde el momento mismo en que es concebido. 

El imago Dei sostiene que Dios le otorgó al hombre un honor especial que no le confirió a ningún otro ser creado. Dicha imagen y semejanza es reflejada, según algunos pensadores como Filón, en la conciencia y en la habilidad del lenguaje, que a primera vista nos separan del resto de la creación, permitiéndole al hombre comprender, entre muchas otras, conceptos e ideas. 

El sustento escritural del concepto de Imago Dei y sus consecuencias prácticas, están explícita e implícitamente incorporadas en varios pasajes de ambos Testamentos. Por ejemplo, son evidentes la importancia de tener hijos, la alta estima por la vida en formación y el hecho de que Dios se involucre en la formación de la vida intrauterina, afirmando incluso que el feto puede ser lleno del Espíritu Santo (Lucas 1:15, 44). Resulta inevitable entonces concluir que, según las Escrituras, el feto es un ser humano, tiene un alma y por lo tanto es poseedor del imago Dei, cuya vida entonces tiene dignidad y debe respetarse.

Algunos de los pasajes de las Escrituras que afirman el Imago Dei y la desaprobación rotunda del aborto son los siguientes:

Génesis 1:26. “Y dijo Dios: hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y ejerza dominio sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo, sobre los ganados, sobre toda la tierra, y sobre todo reptil que se arrastra sobre la tierra”.

Génesis 5:1-3. “Este es el libro de las generaciones de Adán. El día que Dios creó al hombre, a semejanza de Dios lo hizo. Varón y hembra los creó; y los bendijo, y los llamó Adán el día en que fueron creados. Cuando Adán había vivido ciento treinta años, engendró un hijo a su semejanza, conforme a su imagen, y le puso por nombre Set”.

Génesis 9:6. “El que derrame sangre de hombre, por el hombre su sangre será derramada, porque a imagen de Dios hizo Él al hombre.”

Éxodo 20:13. “No matarás”

Deuteronomio 27:25. “Maldito el que acepte soborno para quitar la vida a un inocente.”

Salmos 127:3. “He aquí, herencia de Jehová son los hijos; cosa de estima el fruto del vientre.”

Salmos 139:13-16. “Porque tú formaste mis entrañas; me hiciste en el seno de mi madre. Te alabaré, porque asombrosa y maravillosamente he sido hecho; maravillosas son tus obras, y mi alma lo sabe muy bien. No estaba oculto de ti mi cuerpo, cuando en secreto fui formado, y entretejido en las profundidades de la tierra. Tus ojos vieron mi embrión, y en tu libro se escribieron todos los días que me fueron dados, cuando no existía ni uno solo de ellos.”

Proverbios 6:16-19. “Seis cosas aborrece Jehová, y aun siete abomina su alma: Los ojos altivos, la lengua mentirosa, las manos derramadoras de sangre inocente, el corazón que maquina pensamientos inicuos, los pies presurosos para correr al mal, el testigo falso que habla mentiras, y el que siembra discordia entre hermanos.”

Jeremías 1:5. “Antes que yo te formara en el seno materno, te conocí, y antes que nacieras, te consagré, te puse por profeta a las naciones.”

Lucas 1:15. “Porque él será grande delante del Señor; no beberá ni vino ni licor, y será lleno del Espíritu Santo aun desde el vientre de su madre.”

El papel del cristianismo en el Imperio romano

El cristianismo trajo consigo un lento cambio en los paradigmas y costumbres de la sociedad romana del primer siglo. El cristianismo, al retener las bases doctrinales del judaísmo respecto de la dignidad de la vida humana desde la concepción, consideró el aborto y del infanticidio como una acción repugnante, aunque fueran prácticas relativamente comunes en ese entonces. 

En un estudio sobre el cristianismo primitivo, que buscaba establecer desde el punto de vista antropológico las causas que facilitaron su expansión en la sociedad romana, se afirma que una de ellas consistió en que el cristianismo se ubicaba en las antípodas del paganismo respecto al trato y honra de la mujer, la estima del embarazo, el incentivo de la adopción de recién nacidos abandonados (en su gran mayoría mujeres), y su rechazo terminante al infanticidio. Al respecto escribe Gregorio Calvo García

El ocultamiento de relaciones ilícitas era la principal causa del aborto y la contracepción en las clases aristocráticas; y las limitaciones económicas lo eran en las clases media y baja. Frente a este panorama el cristianismo primitivo representó un cambio cultural que redundó en una proporción numérica distinta de los géneros al interior de sus comunidades. La estructura familiar paleocristiana fue herencia de la familia judía donde también se condenaba el aborto y la exposición.

Un recuento de la Carta a los Romanos nos permite señalar que Pablo saluda individualmente a quince mujeres y dieciocho hombres. Es llamativo que en comunidades rotuladas de patriarcales haya una proporción genérica de 5:6 entre fieles lo suficientemente destacados como para recibir el saludo personal de un apóstol tachado de misógino. Según Stark (2001) durante la persecución del 303, en Noráfrica se logró desarticular una comunidad que en una capilla almacenaba vestimenta destinada a la caridad. El decomiso sumaba dieciséis túnicas de hombre y ochenta y dos de mujer, lo cual puede reflejar la proporción de géneros que había entre los donantes o bien destinatarios. 

Plinio el joven (61-114?) en su célebre carta al emperador Trajano señala haber torturado a dos mujeres que se hacían llamar «diaconisas» y en la Primera carta a Timoteo (3:11) Pablo se refiere sucintamente a las mujeres que ejercen el diaconado. Si bien los hombres mantuvieron un rol dirigente al interior de las comunidades, hubo mujeres que jugaron un rol significativo visible en el martirologio y, tal como se trasluce en la redacción del evangelio, la mujer ocupó en las comunidades un estatus distinto al que ocupaba en el resto de la sociedad.”2

Hasta el día de hoy la iglesia en todas sus denominaciones ha mantenido sin fisuras la misma posición respecto al rechazo del aborto y el infanticidio, y solo algunos pequeños grupos liberales, que procuran una reinterpretación de los textos sagrados insertando el pensamiento posmoderno, han expresado una posición, no solo proaborto, sino también abiertamente pro LGTBIQ.

Una vez entendida la posición del cristianismo frente al aborto y su papel en la transformación de la sociedad romana, cuya influencia ha permanecido hasta el día de hoy por la adopción y diseminación de los valores judeocristianos, moldeando las bases de nuestra civilización occidental, es tiempo que veamos con detenimiento algunos puntos específicos que revisten importancia central en la discusión actual sobre el aborto.

Algunos argumentos

Una de las columnas del posmodernismo tan de moda en nuestra sociedad es el manejo del lenguaje, tanto para inocular el concepto de relativismo a la hora de responder las grandes preguntas que nos hacemos los seres humanos, como también (sin querer entrar en terreno Saussureano) para modificar los significantes, convirtiéndolos en verdaderos eufemismos. En algunas ocasiones una palabra en particular se escoge en lugar de otra, para morigerar su significado y hacerla más digerible al paladar del público en general, como por ejemplo llamar “interrupción” a una “finalización”. De igual manera, en otras ocasiones algunas palabras o conceptos son usados como verdaderos proyectiles dialécticos con el fin de aplicar un simbolismo descalificante y/o peyorativo a aquel a quien se dirige, palabras que suelen individualizar un enemigo: “facho”, “homofóbico”, “antiderechos”, “patriarcal”, “machista”, “misógino”, etc.

En el caso que nos ocupa, llamó poderosamente la atención que el texto argentino de legalización del aborto fuera presentado como “Interrupción Legal del Embarazo” (cursiva añadida por el autor). Evidente es que la palabra “interrupción” fue usada para edulcorar el lenguaje, hacerlo más digerible, convirtiendo la interrupción en un eufemismo para la finalización/muerte/asesinato de un ser humano en gestación. Es aquí donde comienza a decantarse la importancia del uso del lenguaje. 

De acuerdo con la RAE, “abortar” significa “Interrumpir de forma natural o provocada, el desarrollo del feto durante el embarazo”, que trae como resultado la muerte intencionada o no del feto antes de su nacimiento espontáneo. El uso del verbo “interrumpir” se presta a equívocos, pues en su uso cotidiano conlleva la noción de continuidad una vez superada la interrupción, cuestión que no ocurre en el aborto, puesto que esa “interrupción” busca la terminación, finalización, asesinato de la vida del feto

Por otro lado, en un paneo general de los argumentos “mainstream” que suelen ser invocados a favor del aborto, hay normalmente una serie de tácticas que buscan alterar el contexto de la discusión. Por ejemplo, se usan historias o testimonios dramáticos cuyo fin es generar empatía (otra palabra devenida en eufemismo) en la audiencia. Si bien son historias reales, suelen plantearse como regla general, ocultando su excepcionalidad para así introducir una fuerte carga emocional preliminar que busca manipular al oyente y alejarlo de la deseable discusión racional y profunda de lo que se debate

Adicionalmente, también es muy común encontrar entre esos argumentos, los relacionados con las etapas de desarrollo del embrión. Muchos buscan establecer un punto en el que deba considerarse “humano” al feto, de forma que durante el periodo de desarrollo previo solo hay un organismo sin valor moral. Esto no solo enfrenta serios problemas ontológicos, sino que soslaya el continuum que es la vida desde la concepción hasta la muerte. 

Otro sirirí repetido hasta el cansancio es el eslogan “mi cuerpo, mi decisión”, en donde se busca convencer de que el feto es simplemente un conjunto de células que habita el cuerpo de la mujer y por lo tanto la mujer cuenta con el derecho de decidir qué hacer. Este mantra olvida que el feto desde el momento mismo de la concepción tiene, entre varias otras cosas, una carga genética totalmente diferente de la de su madre, por lo que no hablaríamos del cuerpo de la madre, sino de una entidad diferente. La batalla contra la biología para poder justificar el aborto es una muy difícil de ganar, por lo que se suele recurrir a las emociones y también, por qué no decirlo, a los intereses de organizaciones que se lucran de este delito. 

Hay un escollo muy difícil de superar desde lo filosófico por los grupos proaborto y es que un análisis profundo de sus argumentos derivaría irremediablemente en la admisión de que conductas como el infanticidio se convertirían en una opción válida. 

De acuerdo con el filósofo australiano Peter Singer, el proaborto debe atacar dos premisas: la primera, que está mal matar a un ser humano inocente y, la segunda, que un feto no es un ser humano. Según Singer, la segunda premisa está condenada al fracaso, pues es absolutamente ridículo no conceder que un feto no sea un ser vivo perteneciente a nuestra especie y distinto de su madre. Sin embargo, la primera premisa podría resultar justificable si se adhiere a una visión utilitarista de la vida, reemplazando en su totalidad la concepción judeocristiana acerca del carácter sagrado de la vida humana, lo cual implica una revolución ética sin precedentes en los últimos dos milenios. Sin entrar en sus pormenores, el mismo autor reconoce que el gran problema que enfrenta su posición son las consecuencias inevitablemente eugenésicas que traerían consigo, haciendo incluso viables, como en la sociedad romana precristiana, no solo el aborto, sino conductas como el infanticidio3.

Baste decir que ya hace años que la práctica de ciertos estudios de laboratorio en las etapas tempranas del embarazo busca detectar malformaciones físicas o trastornos genéticos, como el síndrome de Down, que suele implicar una segura sentencia de muerte del feto, en alrededor del 85% de los casos.4

No es el objetivo de este ensayo ser exhaustivo en las muchas maneras en que puede desenvolverse el uso del lenguaje en la problemática sobre el aborto, los argumentos generalmente usados, y las consecuencias prácticas y filosóficas que traen consigo, sino más bien poner en alerta al creyente para que logre interceptar argumentos, interactuar con ellos y poner al descubierto sus falencias.

La danza de las estadísticas

Uno de los puntos más importantes que sostienen aquellos que apoyan la legalización del aborto es la gran cantidad de abortos realizados, que lo convierten en una de las principales causas de muerte para la mujer, debido a la práctica clandestina y las pésimas condiciones fitosanitarias en las que se realizan los procedimientos.

De acuerdo con un artículo publicado en el diario argentino Infobae del 17 de mayo de 2018, según los datos publicados por el Ministerio de Salud argentino en 2016, 43 mujeres murieron por abortos en todo el país. Sin embargo, de acuerdo con estas mismas estadísticas, las principales causas de mortalidad femenina son los problemas cardiovasculares (51,283), seguidas de enfermedades respiratorias (33,775), tumores malignos (31,517), accidentes de tránsito (912) y en el séptimo lugar, con un porcentaje ínfimo, aparece la mortalidad por causas relacionadas con el embarazo, notificándose 245 casos, de los cuales 43 fueron abortos5.

Pero la razón fundamental por la que se viene exigiendo su legalización descansa en la aparente gran cantidad de procedimientos hechos de manera clandestina que, para el caso argentino, suelen considerarse alrededor de 450,000 según la ONG Amnistía Internacional, de acuerdo con un estudio adelantado por el Ministerio de Salud en el año 2005. Sostienen que, además, al ser una práctica aparentemente común, esto la convierte ipso-facto en tema de política pública. No quisiera imaginarme si otras actividades como el expendio de drogas, el homicidio o el hurto, por la cantidad de casos que existen, también deban ser sujetos de legalización y de implementación de políticas públicas.

Dada la aparente gran cantidad estimada de abortos clandestinos y la alarma generada por el impacto que esto ocasionó en la opinión pública, la metodología usada para dicha estimación fue fuertemente criticada, pues el Instituto a cargo de su práctica no sustentó suficientemente la relevancia y efectividad de las herramientas usadas. El epidemiólogo Elard Koch, junto con otros investigadores, se tomó el trabajo en 2012 de examinar detenidamente la metodología usada por el Instituto Guttmacher con ocasión de la estimación de abortos inducidos en Colombia y en otros países de Latinoamérica (incluyendo Argentina), concluyendo lo siguiente:

(…) a los números obtenidos con la encuesta se les aplicó un factor multiplicador expansivo (x3, x4, x5, etc) que también emergió de la opinión subjetiva de otros 102 entrevistados seleccionados por conveniencia. No hay datos objetivos basados en hechos vitales reales: toda la estimación se basa en números imaginarios subyacentes de opiniones. Aún como encuesta de opinión, la técnica de muestreo tuvo graves sesgos de selección en el levantamiento de la información. 

Con la utilización de métodos epidemiológicos de estimación válidos, objetivos y reproducibles, escogiendo los casos paradigmáticos de Chile y España como tasas estándar aplicadas a estadísticas vitales colombianas, se observó que la metodología del Instituto Guttmacher sobrestima en más de nueve veces las complicaciones hospitalarias por aborto inducido y en más de 18 veces el número total de abortos. En otros países de Latinoamérica, como Argentina, Brasil, México, Perú, Guatemala y República Dominicana, la metodología del Instituto Guttmacher también sobrestimó largamente la cifra de abortos. Estos resultados llaman a la cautela con este tipo de informes que alarman a la opinión pública (negrilla añadida por el autor).6

Lo anterior pone de manifiesto para los cristianos, no solo la necesidad de conocer las estadísticas, los “estudios” y los “consensos”, sino percatarse de que esos análisis no siempre son asépticos y son muchas veces manipulados conscientemente. Este tipo de datos dimensionan el papel preponderante que juega la propaganda sistemática y la instalación de verdades ‘a medias’ en la opinión pública por parte de los verdaderos interesados en el negocio del aborto, para generar un ambiente favorable a sus propósitos por medio del bombardeo diario en los medios de comunicación.

Cómo hacer frente hoy

El cristiano debe entender que hace parte de la sociedad en la que vive (aunque en sentido teológico seamos ciudadanos del cielo) y que todas las decisiones que se tomen en la sociedad pasan por procesos políticos que nos afectan a todos. Pretender mantener una actitud abúlica o apática respecto de estos fenómenos es ponernos a merced de políticos, intereses y sistemas que no tienen mayores reparos en imponernos a como dé lugar su visión del mundo y la realidad. Así, mientras podamos, tenemos que tomar una postura política y social al respecto. Vemos cómo la iglesia fue definitiva en la movilización provida para evitar que el aborto fuera ley en 2018 en la Argentina y cómo la anemia organizativa del liderazgo cristiano allanó el camino para que la legalización se abriera paso en 2020.

El cristiano debe, no solo manejar con destreza las Escrituras que fundamentan la doctrina cristiana con respecto al aborto, sino además profundizar en el estado del debate y conocer los argumentos que se esgrimen desde la vereda de en frente. Es necesario analizarlos y plantear una defensa razonada que ponga al descubierto sus debilidades y sus no pocas contradicciones, lo cual exige, no solo una lectura juiciosa de la bibliografía sobre el tema, sino además la habilidad de exponer claramente la posición que como creyentes tenemos al respecto y las razones que la sustentan. 

El mismo apóstol Pedro, en su segunda carta, exhortó a los cristianos a tomar en serio la defensa de nuestras creencias. También podemos ver varias recomendaciones en este mismo sentido por parte del apóstol Pablo, como en su debate filosófico en el ágora de Atenas, e incluso las palabras del Señor Jesús respecto a dar testimonio del evangelio y ser conscientes de la promesa para el creyente de que será perseguido por llevar la contraria en un mundo hostil al Creador.

Por último, la iglesia no debe quedarse solamente en lo discursivo, ya sea filosófico o teológico, sino que, en la medida de sus posibilidades, debe implementar actividades o políticas al interior de sus comunidades que sean verdaderas alternativas superiores para aquellas mujeres embarazadas que enfrentan serias dificultades presentes y futuras, alternativas que le permitan considerar seriamente la posibilidad de proseguir con el embarazo. De esta manera, se pueden desarticular las aparentes disyuntivas discursivas planteadas por los sectores proaborto sobre el futuro de esas madres y sus hijos, que lo único que buscan es manipularlas mentalmente para hacerlas entrar en un falso callejón sin salida, en el que el aborto se presenta como una alternativa a la pobreza7.

En conclusión, nuestra responsabilidad como cristianos es, además de predicar el evangelio, ser luz en medio de la oscuridad en la que vive el mundo que nos rodea, y ser sal para, en lo posible, seguir previniendo la descomposición de nuestra sociedad. Sin lugar a duda la oración y el estudio de las Escrituras son fundamentales para nuestro andar cristiano con el fin de llegar a tener la semejanza del carácter de la persona de Cristo, pero esa solidez espiritual individual y comunitaria tiene que ser reflejada en las buenas obras que fueron preparadas de antemano para que anduviésemos en ellas. Al fin y al cabo, una ciudad asentada sobre un monte no puede esconderse, y nadie prende una luz para ponerla debajo de un almud, sino sobre el candelero para que alumbre a todos. De esta manera nuestra luz alumbrará a los hombres, y verán nuestras buenas obras y glorificarán a nuestro Dios que está en los cielos.

Tomado del portal biteproject.com

Por: Javier Aragall es abogado y músico, reside en Argentina desde 2008. Convertido al cristianismo a comienzos de 2020, ha revitalizado y profundizado su interés en las bases históricas del cristianismo con el fin de servir a la iglesia y capacitar a sus miembros en temas de historia, cultura y sociedad.

1 Comentarios

  1. Muchas bendiciones amados hermanos, Para nosotros los creyentes en Cristo Jesús es determinante y radical la posición que tenemos con respecto al valor de la vida y la procedecía de la misma,la cual enana de la fuente divina al punto que somos Imagen y Semejanza de Dios mismo y por lo cual dignifica nuestra existencia al punto que no existe ni existirá razón alguna que impida su natural desarrollo en el vientre de una madre; la Biblia enseña que desde antes que te formarás ya Dios te conocía; eso muestra la importancia y el valor que tenemos delante de los ojos de Dios. Bendiciones.

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