En la vibrante Barranquilla del Junior y el Malecón, marcada por la alegría, pero también por la sombra de la extorsión y los grupos al margen de la ley, surge una historia de fe inquebrantable y visión transformadora. Se trata del optómetra Hernando Hernández Leal, un hombre que ha sabido conjugar la ciencia con la convicción espiritual, y que ha alcanzado un hito que trasciende nuestras fronteras: una patente internacional destinada a revolucionar la salud visual.
Hernández, un ser incansable y consagrado a su profesión, lleva en el alma la vocación científica desde la cuna. “Cuando tenía 15 años me lo profetizaron”. Recuerda, transportándose a un tiempo donde soñaba con batas de laboratorio y tubos de ensayo, un juego de niño que Dios convertiría en realidad. Esta chispa, que lo llevó a estudiar ingeniería química y luego optometría, fue alimentada por la fe inquebrantable de la pastora Edilsa Segura, quien fue el canal divino de esa profecía y hoy sigue siendo su inspiración por su profunda dedicación a la obra de Dios.
Un Inventor con 19 Bendiciones Patentadas
No es la primera vez que el nombre de Hernández Leal brilla con luz propia. Este titán de la innovación fue galardonado con el Premio Titán Caracol en Tecnología y Conectividad 2018 y el Premio Inventor Nacional 2019, además de ser reconocido como Ciudadano con Buena Energía de Bogotá. Pero su legado es aún mayor: 19 patentes de invención, un testimonio tangible de su pasión y persistencia. La mayoría de estas joyas de la inventiva están registradas en Colombia, pero su impacto se extiende a Estados Unidos, Europa, Brasil, México y Chile.

La Patente que transforma la experiencia visual
La reciente patente, concedida en Estados Unidos, es una puerta abierta hacia el futuro de la optometría. Su ingenio radica en permitir a los pacientes probar lentes progresivos directamente en consulta, un avance sencillo en su concepción, pero gigantesco en sus implicaciones. Este método mejora sustancialmente el diagnóstico, optimiza la adaptación visual del paciente y, en última instancia, enriquece la experiencia clínica.
En palabras del propio Hernández, hay una humildad profunda detrás de su éxito: “Es algo sencillo, pero Dios me lo puso a mí.” Sin embargo, reconoce la magnitud del esfuerzo: “Lo pesado son los costos, es una inversión millonaria.” Dice para los oyentes del noticiero La Alianza Informativa.
Ante las voces que auguraban un riesgo de perderlo todo en una aventura tan ambiciosa como una patente en Estados Unidos, su respuesta es un eco de su fe: “No importa, sé en quién he creído y esto me lo dio Dios.”
La historia de Hernando Hernández Leal es más que el relato de un científico o un inventor. Es la viva parábola de cómo la fe, la perseverancia y la obediencia a una visión divina pueden llevar a un hombre a trascender y a bendecir a miles con el don de una visión más clara. Su vida es, sin duda, una buena nueva que ilumina los ojos y el espíritu.
Por: Javier Ahumada Bolívar
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