Servir es su misión: la historia de Mary Asprilla

Mary Asprilla tiene toda una vida consagrada a servir a los demás
María Asprilla Rivas

Conozco a Mary desde hace muchos años; siempre ha sido una mujer apasionada por la obra de Dios. Llegaba al canal CNC, donde dirigí el programa Magazin Buenas Nuevas TV, con una amplia sonrisa cuya blancura iluminaba el set. “Vengo para que me ayuden a conseguir una silla de ruedas para…”.  Sus vestidos coloridos contrastaban con las extensiones marrón que caían sobre su espalda hasta la cadera, mientras un turbante rojo coronaba su cabeza, como si contara, en silencio, su propia historia y la de sus ancestros.

Mary no es una mujer común. Su historia comienza lejos, en tierras del Chocó, pero fue en Cali donde creció y empezó a forjar ese corazón generoso que hoy la caracteriza. Desde niña aprendió a dar sin esperar nada a cambio, viendo a su padre repartir a su vecinos el pescado que traía del mar. Esa escena sencilla marcó su vida para siempre. Hoy, décadas después, ese mismo espíritu sigue intacto, multiplicado en cada gesto de ayuda, en cada mano extendida.

Vocación que transforma vidas

La vida, dirían algunos; nosotros creemos que fue el propósito de Dios el que la trajo a Barranquilla, donde echó raíces, formó su familia y consolidó su llamado. Madre, abuela y bisabuela, pero sobre todo servidora. Su encuentro con Dios transformó su carácter fuerte en una fuerza para levantar a otros. Desde entonces, no ha dejado de sembrar semillas de fe, muchas de las cuales hoy han dado fruto en vidas restauradas, en hombres y mujeres que han encontrado un nuevo camino.

“La idea era llevar a mi hija, por esa época con la rebeldía de la adolescencia, a un encuentros que la iglesia Boston Central hace para jóvenes. Pero sabe una cosa Dios había preparado todo era para mí, desde ese momento comenzó a cambiar mi vida y me enamoré de Jesús.” Dice en tono jocoso.  

Su labor no se limita a una iglesia. Mary camina las calles, entra a las comunidades, escucha, gestiona, resuelve. Está donde la necesitan: ayudando a una mujer víctima, orientando a una familia, consiguiendo una silla de ruedas, enseñando rutas que muchos desconocen. También ha llevado esperanza a las cárceles, donde, como capellana, ha sido testigo de transformaciones profundas, silenciosas, pero reales. Allí, donde muchos ven el final, ella ve una oportunidad.

Mary Asprilla y sus compañeros de capellanía, antes de visitar a los privados de libertad.

Tejiendo esperanza

A preguntarle sobre su emprendimiento, Mary asegura que sigue más vigente que nunca. Explica que ahora no solo trabaja con extensiones, sino que también ofrece turbantes y otros accesorios, mismos que luce cotidianamente. Además, destaca que muchas de las peinadoras que se formaron en el proyecto, conocido como el “Palacio de la Extensión”, continúan activas participando en ferias y actividades con fundaciones.

Cuenta que este oficio sigue siendo una fuente de ingresos para muchas mujeres, ya que los peinados nunca pasan de moda. “Uno de los regalos más bonitos que Dios me ha permitido desarrollar es el de las extensiones y los peinados. A través de este emprendimiento he podido enseñar a muchas niñas y mujeres a peinar, a hacer trenzas, a valorar su identidad y, sobre todo, a generar su propio sustento. Para mí no es solo estética, es una herramienta de transformación, porque cada trenza que aprenden a hacer se convierte en una oportunidad para salir adelante con dignidad.”

Su sueño

Pero quizás uno de sus mayores sueños hoy es volver a levantar la Casa de la Mujer, un espacio que sirvió como refugio y guía para muchas. Aunque ya no cuenta con ese lugar físico, Mary no se ha detenido. Sigue trabajando, puerta a puerta, llamada a llamada, con la convicción de que Dios abrirá nuevamente ese espacio.

Hace un llamado a personas, pastores, líderes y a oficinas estatales para conseguir ese espacio de apoyo integral pensado para acompañar, orientar y proteger a las mujeres, especialmente a aquellas en situación de vulnerabilidad y brindar atención y orientación en temas como violencia de género, acceso a derechos, rutas de denuncia y acompañamiento psicológico y social.

Mary Asprilla no busca reconocimiento. Su vida es servicio puro, de esos que no hacen ruido pero cambian realidades. Es de esas mujeres que no se cansan, que no se rinden, que creen incluso cuando todo parece difícil. Y quienes la conocemos sabemos que su mayor riqueza no está en lo que tiene, sino en lo que entrega cada día: amor, fe y esperanza.

Javier Ahumada Bol{ivar director del portal periodicobuenasnuevas.com
Escrito por: Javier Ahumada Bolívar , director del portal periodicobuenasnuevas.com

Te puede interesar leer:

El pastor Álvaro López , su ministerio srvir en las calles de la fria capital de Colombia

De la ruina total a servir en las calles

Sé el primero en comentar

Deja un comentario

Tu dirección de correo no será publicada.


*