Marcado por el dolor, levantado por Dios: Edson Hernández

Edson Hernández: Una crónica de fe, restauración y llamado que transformó una vida y una familia
Pastor y profeta Edson Hernández

Desde muy temprano, Edson Hernández aprendió a convivir con el silencio, la ausencia y el dolor. Su infancia y adolescencia transcurrieron en medio de un hogar fragmentado, sin una figura paterna presente y con una profunda desorientación emocional que marcaría sus primeros años.

En el barrio Las Colinas de El Frío, de la ciudad de Puerto de la Cruz, estado Anzoátegui, creció expuesto a entornos hostiles: colegios rodeados de microtráfico, prostitución y delincuencia, lugares donde la niñez se acorta y la inocencia se pierde demasiado pronto. A esa realidad se sumaron episodios de abuso en su niñez, heridas profundas que sembraron en su corazón resentimiento, rabia y una sensación constante de vacío.

Aquel vacío se transformó con los años en depresión, frustración e incluso pensamientos suicidas. Sin conocer realmente a Dios ni entender la obra redentora de Cristo, Edson clamaba desde la desesperación con las pocas referencias religiosas que tenía. Su vida parecía avanzar sin rumbo, marcada por malas decisiones y amistades nocivas, consecuencia directa de una adolescencia vulnerable y sin guía. La falta de orientación lo llevó a bordear caminos peligrosos, no por necesidad, sino por influencia, buscando pertenecer en un mundo que nunca le ofreció refugio.

En varias oportunidades tuvo que permanecer recluido debido a su comportamiento violento y agresivo en el colegio, situación que obligaba a su madre a acudir personalmente para sacarlo del lugar. Se trataba de retenciones en la policía municipal.

El punto de quiebre llegó a los 16 años, cuando su padre —quien llevaba cerca de un año asistiendo a una iglesia cristiana— comenzó a hablarle del evangelio. No lo hizo con amenazas ni imposiciones, sino con palabras sencillas, constantes y cargadas de esperanza.

Dios lo está cambiando

Cada mes, Edson visitaba a su padre en la emisora donde trabajaba para reclamar la mesada, y en cada encuentro él aprovechaba para hablarle de Jesús, sembrando el mensaje con paciencia. Hasta que un sábado ocurrió algo inesperado: su padre lo invitó a ir de compras a una tienda de ropa costosa, algo inusual en él. “Wow, verdaderamente Dios está haciendo algo en este señor”, pensó Edson.

Allí escogió las prendas que más le gustaron y, con las bolsas aún en las manos, su padre le hizo una petición sencilla pero decisiva: “¿Puedes acompañarme mañana a la iglesia usando esa ropa?”.

Edson aceptó acompañarlo. No entendió el sermón ni recordaría después las palabras exactas del predicador, pero sí el momento decisivo: el llamado al altar. Contra toda expectativa, fue el único que pasó al frente.

“Recuerdo que, cuando abrí los ojos, estaba tirado en el suelo. Había gente a mi alrededor llorando por mí. Me preguntaba qué había pasado y sentía vergüenza porque allí estaban algunas muchachas”, recordaría tiempo después.

Fue en ese instante, en medio de la confusión y la emoción, cuando comenzó una transformación que ni él mismo imaginaba y que marcaría para siempre el rumbo de su vida.

Aquella noche, en la intimidad de su habitación, Edson hizo una oración honesta y cruda. Le pidió a Jesús que se revelara, que transformara su vida si todo lo que había escuchado era verdad. No pidió salir del mundo; pidió una señal. Y esa oración, inspirada por el Espíritu Santo de Dios, nacida desde lo más profundo de su dolor, marcó el inicio de un proceso de restauración.

El enemigo

La alegría de su conversión no fue bien recibida en casa. Su familia materna, profundamente ligada al catolicismo y a prácticas espirituales contrarias, como la brujería, reaccionó con rechazo, burlas y aislamiento. “A partir de hoy eres mi enemigo”, le sentenció su madre, quien sentía una animadversión, casi enfermiza, por los pastores. Sin embargo, Edson persistió.

Con el tiempo, comenzó a recibir formación espiritual, discipulado y acompañamiento pastoral. Un profeta de Puerto Rico se convertiría más adelante en su mentor, ayudándolo a comprender el llamado que comenzaba a manifestarse en su vida. Mientras estudiaba, trabajaba y servía en la iglesia, enfrentaba el desprecio dentro de su propio hogar, incluso restricciones básicas como el alimento. Aun así, entendió que aquel rechazo no era contra él, sino contra el mensaje que ahora llevaba.

“Pero era duro. Me encerraba en mi cuarto a llorar. Recuerdo que cuando regresaba de predicar y encontraba a la familia reunida en fiestas, la burla era inevitable: se dirigían contra los pastores, contra mi papá y también contra mí. Eso fue muy fuerte para mí, y así pasaron varios años”, relata en entrevista para la sección El Personaje, que se emite en el noticiero La Alianza Informativa de la Voz de la Patria Celestial.

En el año 2013, con apenas 20 años, comenzó a recibir invitaciones para predicar fuera del país. Su ministerio lo llevó a otras naciones como República Dominicana, Colombia, Ecuador, Perú y Brasil, tal como le habían anunciado aquella noche en que estrenó la ropa que su padre le había comprado. Ese momento marcó un punto de inflexión no solo en su vida, sino también en la percepción de su familia, especialmente de sus tíos maternos.

Conversión familiar

Con el tiempo, la mayoría de sus familiares terminó rindiéndose a la evidencia de la obra de Dios en Edson. Hoy muchos de ellos sirven al Señor. A través de su testimonio y su amor genuino por el evangelio, su generación —primos y amigos— también comenzó a ser ganada para Cristo.

Su madre, finalmente, no tuvo más opción que reconocer lo que Dios estaba haciendo en la vida de su hijo. Aquel rechazo inicial se transformó en respeto y fe, y el mismo joven al que cuestionó por su llamado se convirtió en alguien a quien ahora acudía para pedir oración.

En el plano personal, Edson Hernández está casado con Briggitte Chaparro, una coterránea a quien conoció durante una actividad cristiana a la que fue invitado como predicador. Tras ser presentados, se cruzaron miradas que, con el tiempo, dieron paso a una amistad sincera y luego a una historia de amor que los llevó al matrimonio. Briggitte llegó a su vida acompañada de un regalo especial: su hija Victoria, a quien Edson ha amado y asumido como su propia hija.

En la imagen la pastora Briggitte Chaparro, el Apóstol Abelardo Daza, el profeta Edson y Victoria

En Barranquilla me quedo

Guiado —como él mismo lo afirma— por la dirección de Dios, hoy el pastor Edson Hernández desarrolla su labor ministerial en la ciudad de Barranquilla. Allí hace parte del equipo ministerial del apóstol Abelardo Daza, en la Iglesia Bajo Su Gloria, desde donde continúa ejerciendo el llamado que marcó su vida desde la adolescencia: servir, predicar y ser testimonio vivo de una transformación que comenzó en casa y hoy trasciende fronteras.

Retrato de Javier, director de Buenas Nuevas y líder en comunicación cristiana
Escrito por: Javier Ahumada Bolívar, director del portal Periódico Buenas Nuevas

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