La Gracia que restauró un matrimonio y venció al cáncer terminal

Al pastor Luis Carlos Donado la Gracia, de Dios le restauró el matrimonio y le sanó de cáncer terminal
Pastores Luis Carlos Donado y su esposa Sandra Castillo

Hace más de dieciséis años, cuando por la infinita misericordia de Dios nació el Ministerio Buenas Nuevas, he dedicado parte de mi caminar a buscar historias que revelan el poder transformador de la Gracia. Historias de hombres y mujeres que descendieron a los lugares más oscuros del alma; personas que, humanamente hablando, parecían haber agotado todas las posibilidades de cambio. Algunos fueron rescatados por Dios con la ternura de un padre que extiende su mano y atrae con lazos de amor; otros tuvieron que atravesar el fuego de los procesos, como el diamante que solo revela su brillo después de soportar una intensa presión.

En este largo trasegar he escuchado cientos de testimonios que desafían la lógica, relatos donde la derrota parecía definitiva y la esperanza apenas un recuerdo lejano. Sin embargo, la historia que está a punto de leer tiene algo especial.

El pastor Luis Carlos Donado antes de conocer a Dios, caminó sin rumbo, siguiendo los patrones que había aprendido desde niño, creyendo que la infidelidad, la inestabilidad y la ausencia de compromiso eran parte natural de la existencia. Creció entre el campo y la ciudad, observando relaciones pasajeras y hogares fragmentados. Aquello que para muchos podía parecer un problema, para él era simplemente la normalidad.

Su juventud transcurrió entre conquistas de mujeres, excesos y una búsqueda constante de satisfacción personal. No soñaba con formar un hogar ni con construir una familia. Tener una mujer era, según él mismo reconoce, una forma de entretenimiento. El compromiso le parecía una carga innecesaria. Vivía el presente sin pensar en el futuro, ganando dinero, gastándolo y repitiendo conductas que había visto en generaciones anteriores de su familia. Sin saberlo, estaba atrapado en un ciclo que había comenzado mucho antes de su nacimiento.

La fidelidad: un mundo desconocido

Sin embargo, Dios ya estaba preparando el escenario para cambiar su historia. El primer golpe a sus convicciones llegó cuando conoció Sandra Castillo, una mujer guarda para quien fuera su esposo y de sólidos principios, que más tarde se convertiría en su esposa. Ella provenía de un hogar diferente, un hogar donde los padres seguían juntos después de décadas de matrimonio, donde la fidelidad no era una excepción sino una práctica cotidiana, donde los vecinos se ayudaban unos a otros y donde la familia era un tesoro que se protegía. Para Luis Carlos aquello era un mundo desconocido. Observaba aquella realidad como quien contempla un paisaje de otro planeta. No podía entender que existieran matrimonios duraderos ni personas capaces de mantenerse fieles durante tantos años.

Pero aun frente a aquel ejemplo, su corazón permanecía endurecido. Tuvo dos hijos con la mujer que Dios había puesto en su camino, pero la hería con palabras y acciones, las infidelidades estaban al orden del día sin imaginar el dolor que estaba sembrando. Hasta que un día ocurrió algo que se venía venir: la separación. Ella quedó sola con la responsabilidad de criar a los niños mientras él continuaba viviendo según sus propios deseos. Lloró, suplicó y luchó por salvar la relación, pero él se había vuelto indiferente.

Para Luis Carlos, aquella forma de vivir era completamente normal. Era lo que había visto desde niño y lo que había aprendido en su entorno familiar. “Yo era producto de una relación extramatrimonial, así que eso de las separaciones en mi familia era completamente normal”, recuerda. Por eso, cuando abandonó su hogar, no dimensionó el dolor que estaba causando. Durante meses llegaron los reclamos, las lágrimas y las súplicas de una mujer que aún creía posible restaurar su familia.

Otro hombre

Ella insistía, buscaba respuestas y luchaba por recuperar la relación. Sin embargo, el tiempo fue pasando y, después de aproximadamente dos años, ocurrió algo que desconcertó a Luis Carlos: de un momento a otro cesaron las llamadas, desaparecieron los reclamos y se extinguieron las súplicas. El silencio ocupó el lugar de las discusiones. Entonces comenzó a inquietarse. “Tiene que haber otro”, pensó. Y si, tenía otro, alguien le había presentado a Jesucristo.

Aquella mujer herida encontró refugio en la Iglesia La Vid Verdadera y comenzó a experimentar la paz que solamente Dios puede dar. Su tristeza empezó a transformarse en esperanza y su dependencia emocional dio paso a una nueva confianza en el Señor. Cuando dejó de perseguir a Luis Carlos, él comenzó a inquietarse. Movido por los celos, decidió seguirla. La vio entrar a esta iglesia y creyó que allí encontraría al supuesto rival que le estaba robando el corazón de la mujer que había despreciado.

Entró al templo dispuesto a vigilar, no a convertirse. Durante semanas asistió únicamente para observar. Le gustaba la música, disfrutaba la alabanza, pero apenas terminaba se marchaba. Sin embargo, mientras él vigilaba, Dios también lo observaba. Poco a poco, sin que se diera cuenta, el Señor comenzó a derribar las murallas de su corazón. Hasta que llegó aquel día que cambiaría su destino para siempre. Fue un enero de 1997.

Confrontado por Dios

Curiosamente, todo comenzó con un diezmo. Acostumbrado a contribuir económicamente a diferentes iglesias, Luis Carlos entregaba el dinero a Sandra para que ella lo depositara por él. Pero esta vez ella se negó. Le dijo que era algo personal entre él y Dios. Aquella mañana pensó marcharse antes de la ofrenda, como siempre hacía, pero el pastor olvidó recoger los diezmos y anunció que lo haría al final del servicio. Sin proponérselo, Luis Carlos tuvo que quedarse a escuchar la predicación completa. Y allí, mientras escuchaba la Palabra de Dios, el Espíritu Santo lo confrontó.

“Creo que una de las liberaciones más impactantes y dolorosas que una persona puede experimentar fue la que Dios hizo en mi vida. No porque hubiera manifestaciones visibles o extraordinarias, sino porque el Señor tuvo que derribar mi orgullo. Mi corazón estaba lleno de soberbia y yo me creía dueño de mi destino, incapaz de reconocer mis errores.

“Cuando Dios me confrontó y me levantó de aquella condición espiritual, todo cambió. Abrí mis ojos y comencé a ver la vida de una manera completamente diferente. Vi el amor de Dios como nunca antes lo había visto. También comencé a percibir el amor de las personas que me rodeaban, un amor que durante años había ignorado o despreciado.

“Miré a la que hoy es mi esposa y me pregunté: ‘¿Qué he hecho? ¿Por qué he actuado de esta manera? ¿Cómo pude causarle tanto dolor?’. Fue como si, de repente, una venda hubiera caído de mis ojos. Comprendí que la persona que yo había sido no agradaba a Dios y que el camino que había escogido solo producía sufrimiento. En un instante, el Señor transformó mi corazón. Lo que años de consejos, reclamos y circunstancias no habían logrado, Dios lo hizo en un solo momento por medio de su gracia y su poder. Ese día el poder de Dios se movió de una forma maravillosa. Recibí liberación”, afirmó en entrevista para la sección El Personaje, del noticiero La Alianza Informativa.

Pastor Luis Carlos su esposa e hijos en adoración

La nueva vida

Ese fue el punto de inflexión que marcó el inicio de una nueva vida. El hombre orgulloso, mujeriego y arrogante cayó rendido ante la presencia de Dios. Comprendió de repente todo el daño que había causado, vio con claridad el amor que había despreciado y reconoció la necesidad urgente de cambiar. Aquella misma noche tomó decisiones radicales. Terminó todas las relaciones que mantenía simultáneamente con otras mujeres y decidió esperar la dirección del Señor.

Tres meses después, convencido de que Dios le estaba mostrando el camino correcto, regresó a la mujer que había abandonado y le pidió matrimonio.

La restauración no fue fácil. Había heridas profundas, desconfianza acumulada y una familia entera que dudaba de sus intenciones. Sin embargo, la gracia de Dios comenzó a reconstruir lo que parecía irrecuperable. Con escasos recursos, pero con un profundo deseo de honrar al Señor, el 12 de abril 1997, en una sencilla ceremonia contrajeron matrimonio. Hermanos de la iglesia aportaron la comida, el lugar del evento y hasta el pastel. No había lujos, pero sí había obediencia. No había abundancia material, pero sí abundaba la presencia de Dios. Y el 12 de abril de 2025, para celebrar 30 años juntos, renovaron votos en la Comunidad Cristiana Palabra de Poder, que lidera el pastor Edgar Hernández.

En la entrevista, el hoy pastor de la Iglesia Pueblo Dios ubicada en el barrio El Oasis de Soledad,    recuerda aquella historia con lágrimas en los ojos. No porque añore su antigua vida, sino porque contempla la misericordia que lo alcanzó cuando menos lo merecía. Todavía guarda un sueño sencillo: ver a su esposa vestida de blanco y tomarse junto a ella la fotografía que nunca pudieron tener. Tal vez para muchos sea un detalle menor, pero para él representa algo mucho más profundo. Es el símbolo de una restauración que comenzó el día en que entró a una iglesia buscando a un hombre y terminó encontrándose con Jesucristo.

Segunda parte

Pero esta no fue la última prueba que enfrentó Luis Carlos Donado. Hace 15 años recibió un diagnóstico de cáncer terminal de páncreas. La ciencia médica le dio dos meses de vida. Lo que Dios hizo entonces sorprendió a todos.

No te pierdas la segunda parte de este impactante testimonio de fe, milagro y sanidad.

Retrato de Javier, director de Buenas Nuevas y líder en comunicación cristiana
Escrito por: Javier Ahumada Bolívar, director del portal Periódico Buenas Nuevas

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