Uno de los errores doctrinales más difundidos hoy, en el pueblo cristiano o protestante, consiste en creer que el hablar en lenguas, constituye la máxima o suprema expresión de espiritualidad de un creyente. Este error proviene del hecho de que en nuestro protestantismo, de corte primitivo y tropical, el pueblo, que no ha tenido casi nunca experiencias religiosas, al verse frente a una vivencia de tal magnitud, considera que es algo tan sublime y sobrenatural, que ante él quedan sin ningún valor o palidecen las otras experiencias espirituales o religiosas.
Incluso, se ha llegado a sostener o afirmar por parte de ciertos “pastores”, que es “el mayor don del Espíritu Santo” (?) Entre los pentecostales o “Jesús sólo”, por ejemplo, se afirma que “quien no habla en lenguas, no tiene el Espíritu Santo y no se salva”.
Ahora bien, quien así piensa, o sea, quien afirma o cree que el don de lenguas se puede enseñar ignora voluntaria o inconscientemente, lo que significa la palabra don. Porque “don”, proviene del verbo dar, que tiene la connotación precisamente de dádiva, regalo, es decir algo que Dios da, o entrega al creyente gratuitamente, por su gracia y entera voluntad. Entonces no lo puede enseñar ni conferir un hombre, porque proviene de Dios.
Se puede enseñar a orar (y de hecho Jesús enseñó a orar a sus discípulos), pero enseñar a hablar en lenguas, no se registra por ninguna parte de la Sagrada Escritura y de hecho me parece un exabrupto, un absurdo.
A continuación transcribimos de la Primera Epístola del Apóstol San Pablo a los Corintios, todo el capítulo 14, que trata sobre “el hablar en lenguas” y que a la letra dice:
14 Seguid el amor; y procurad los dones espirituales, pero sobre todo que profeticéis.
2 Porque el que habla en lenguas no habla a los hombres, sino a Dios; pues nadie le entiende, aunque por el Espíritu habla misterios.
3 Pero el que profetiza habla a los hombres para edificación, exhortación y consolación.
4 El que habla en lengua extraña, a sí mismo se edifica; pero el que profetiza, edifica a la iglesia.
5 Así que, quisiera que todos vosotros hablaseis en lenguas, pero mas que profetizaseis; porque mayor es el que profetiza que el que habla en lenguas, a no ser que las interprete para que la iglesia reciba edificación.
6 Ahora pues, hermanos, si yo voy a vosotros hablando en lenguas, ¿qué os aprovechará, si no os hablare con revelación, o con ciencia, o con profecía, o con doctrina?
7 Ciertamente las cosas inanimadas que producen sonidos, como la flauta o la cítara, si no dieren distinción de voces, ¿cómo se sabrá lo que se toca con la flauta o con la cítara?
8 Y si la trompeta diere sonido incierto, ¿quién se prepararía para la batalla?
9 Así también vosotros, si por la lengua no diereis palabra bien comprensible, ¿cómo se entenderá lo que decís? Porque hablaréis al aire.
10 Tantas clases de idiomas hay, seguramente, en el mundo, y ninguno de ellos carece de significado.
11 Pero si yo ignoro el valor de las palabras, seré como extranjero para el que habla, y el que habla será como extranjero para mí.
12 Así también vosotros; pues que anheláis dones espirituales, procurad abundar en ellos para edificación de la iglesia.
13 Por lo cual, el que habla en lengua extraña, pida en oración poder interpretarla.
14 Porque si yo oro en lengua desconocida mi espíritu ora, pero mi entendimiento queda sin fruto.
15 ¿Qué, pues? Oraré con el espíritu, pero oraré también con el entendimiento, cantaré con el espíritu, pero cantaré también con el entendimiento.
16 Porque si bendices sólo con el espíritu, el que ocupa lugar de simple oyente ¿cómo dirá el Amén a tu acción de gracias? Pues no sabe lo que has dicho.
17 Porque tú, a la verdad, bien das gracias; pero el otro no es edificado.
18 Doy gracias a Dios que hablo en lenguas más que todos vosotros;
19 pero en la iglesia prefiero hablar cinco palabras con mi entendimiento, para enseñar también a otros, que diez mil palabras en lengua desconocida.
20 hermanos, no seáis niños en el modo de pensar, sino sed niños en la malicia, pero maduros en el modo de pensar.
21 En la ley está escrito: En otras lenguas y con otros labios hablaré a este pueblo; y ni aún así me oirán, dice el Señor.
22 Así que, las lenguas son por señal, no a los creyentes, sino a los incrédulos; pero la profecía, no a los incrédulos, sino a los creyentes.
23 Si, pues, toda la iglesia se reúne en un solo lugar y todos hablan en lenguas, y entran indoctos o incrédulos, ¿No dirán que estáis locos?
24 Pero si todos profetizan, y entra algún incrédulo o indocto, por todos es convencido, por todos es juzgado;
25 lo oculto de su corazón se hace manifiesto; y así, postrándose sobre el rostro, adorará a Dios, declarando que verdaderamente Dios está entre vosotros.
26 ¿Qué hay, pues, hermanos? Cuando os reunís, cada uno de vosotros tiene salmo, tiene doctrina, tiene lengua, tiene revelación, tiene interpretación. Hágase todo para edificación.
27 Si habla alguno en lengua extraña, sea esto por dos, o a lo mas tres, y por turno; y uno interprete.
28 Y si no hay intérprete, calle en la iglesia, y hable para si mismo y para Dios.
29 Asimismo, los profetas hablen dos o tres, y los demás juzguen.
30 Y si algo le fuere revelado a otro que estuviere sentado, calle el primero.
31 Porque podeís profetizar todos uno por uno, para que todos aprendan, y todos sean exhortados.
32 Y los espíritus de los profetas están sujetos a los profetas;
33 pues Dios no es Dios de confusión, sino de paz. Como en todas las iglesias de los santos,
34 vuestras mujeres callen en las congregaciones; porque no les es permitido hablar, sino que estén sujetas, como también la ley lo dice.
35 Y si quieren aprender algo, pregunten en casa de sus maridos; porque es indecoroso que una mujer hable en la congregación.
36 ¿Acaso ha salido de vosotros la palabra de Dios, o solo a vosotros ha llegado?
37 Si alguno se cree profeta, o espiritual, reconozca que lo que os escribo son mandamientos del Señor.
38 Mas el que ignora, ignore.
39 Así que, hermanos, procurad profetizar y no impidáis el hablar lenguas;
40 pero hágase todo decentemente y con orden.
El texto es claro y conciso, y habla por sí mismo. No necesita explicación ni exégesis, pero podemos sentar por conclusión que el don de profecía (no en el sentido de vaticinar hechos futuros, sino de hablar o predicar la palabra de Dios), es mayor o superior al de lenguas, que no edifica ni a la comunidad ni al mismo que la habla.
En cuanto a los pentecostales, puedo decirles que, el hablar en lenguas, no constituye ninguna prueba de que se tiene el Espíritu Santo, pues debemos distinguir entre el don de lenguas (que sí proviene de Dios), y el simple hablar en lenguas que puede provenir a veces de la pura carne o del mismo diablo, y muchos entonces que creen estar alabando y glorificando a Dios a través de esas lenguas, lo que están es blasfemando contra Dios, pues ni saben ni entienden lo que están diciendo.
Además dice el apóstol San Juan en su 1ª. Carta cap. 4 verso 1: “Amados, no creaís a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios…”
Y aquí se superpone entonces el “don de discernimiento de espíritu”, para discernir o saber si ese espíritu viene de Dios o del diablo.
Querido hermano pentecostal: de mi parte, puedo decirte que no hablo ni una sola palabra en lenguas, pero sé a ciencia cierta, que tengo el Espíritu Santo, que Él mora en mí y puedo reconocerlo porque reconozco también en mí (como lo puedes reconocer también tú), los frutos del espíritu que son:
“Amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza” Gálatas 5:22 y 23.
Y como dijo Jesucristo: “por sus frutos los conoceréis”. Mateo 7:16.

Escrito por: JOSE L. ANGULO MENCO, filosofo, escritor, especialista en Ciencias Religiosas y Sagradas Escrituras y docente universitario.
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