“Mira, yo he puesto delante de ti hoy la vida y el bien, la muerte y el mal”. (Deuteronomio 30:15, RVR1960).
La vida está llena de decisiones. Algunas parecen pequeñas, mientras que otras pueden cambiar el rumbo de nuestro futuro. Cada día elegimos qué pensamientos alimentar, qué palabras pronunciar y qué prioridades establecer. Aunque no podemos controlar todas las circunstancias, sí podemos decidir cómo responder ante ellas. Por eso, necesitamos buscar la dirección de Dios para caminar con sabiduría y vivir de acuerdo con su voluntad.
Israel estaba a las puertas de la tierra prometida, después de años en el desierto. El pueblo enfrentaría nuevas oportunidades, pero también tentaciones y desafíos. Moisés sabía que no bastaba con llegar a un lugar nuevo; era necesario aprender a vivir en obediencia a Dios. Por eso, lo invitó a escoger entre la vida y la muerte, mostrándole que sus decisiones tendrían consecuencias.
Esta enseñanza también se aplica a nuestra vida. Muchas veces pedimos bendiciones, pero olvidamos que nuestras decisiones deben estar alineadas con los principios del Señor. Queremos paz, pero alimentamos el resentimiento; deseamos restaurar relaciones, pero nos cuesta perdonar; pedimos sabiduría, pero actuamos sin orar. Buscar a Dios antes de decidir nos ayuda a mirar más allá de lo inmediato y a reconocer qué camino nos acerca a su propósito.
Elegir lo correcto no siempre será fácil. Decir la verdad puede tener un precio, perdonar puede exigir humildad y abandonar un mal hábito requiere perseverancia. Sin embargo, cada decisión tomada con honestidad y obediencia fortalece nuestro carácter. No se trata de que nunca enfrentemos dificultades, sino de contar con la dirección de Dios para atravesarlas sin apartarnos de sus caminos.
No necesitas cambiar toda tu vida en un solo día. Puedes comenzar con una decisión concreta: dedicar tiempo a la oración, pedir perdón, hablar con sinceridad o alejarte de aquello que debilita tu fe. Antes de actuar, pregúntate si tu decisión honra a Dios y está de acuerdo con su Palabra. Él nos invita a buscarlo diariamente y a confiar en su sabiduría, incluso cuando no tenemos todas las respuestas.
Busca a Dios antes de tomar decisiones, permitiendo que su Palabra oriente tus pensamientos, acciones y prioridades.
Tomado de Mi día con propósito, editado por Buenas Nuevas
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