La historia del pastor Yastolfo Montenegro Mejia parece escrita sobre el contraste entre dos vidas: la del hombre que conoció de cerca los riesgos de la calle, las parrandas y las tentaciones, y la del servidor de Dios que hoy, junto a su esposa, lidera la iglesia Casa de Oración Monte Alto, en Santa Marta.
Nació en Valledupar, tierra de acordeones, parrandas y de mujeres exuberantes. Creció entre las costumbres de una cultura que, según recuerda, estuvo marcada durante una etapa de su juventud por las fiestas, las mujeres y los excesos.
A los 18 años, Yastolfo se trasladó a Santa Marta junto con sus padres y hermanos. La decisión de abandonar Valledupar estuvo motivada por una difícil situación familiar: a él y a uno de sus hermanos les atribuían responsabilidad en la muerte de un hombre que había sufrido un accidente en un camión propiedad de su padre. Ante esas circunstancias, la familia decidió establecerse en la capital del Magdalena.
Cuerpo Técnico de Investigación
Al llegar a Santa Marta comenzó una vida de trabajos diversos: fue ayudante de albañilería, taxista, escolta, vigilante y vendedor de pescado, hasta que una oportunidad laboral lo llevó a la Fiscalía, donde ingresó como conductor y posteriormente ascendió a escolta y jefe provisional de seguridad del CTI en el Magdalena. Desde esa posición tuvo bajo su responsabilidad la protección de funcionarios, instalaciones y vehículos, además de coordinar equipos de trabajo.
Era una labor que lo apasionaba y en la que alcanzó responsabilidades importantes, incluso siendo bachiller y teniendo a su cargo profesionales de distintas áreas. Sin embargo, mientras crecía en el ámbito laboral, su vida personal seguía marcada por las deudas, las parrandas y la falta de rumbo.
“En esa época me caracterizaba porque la fecha de mi cumpleaños era todo un acontecimiento. Botaba la casa por la ventana, como dicen: había sancocho, ron, mujeres y la fiesta se extendía hasta el amanecer. Incluso, sacaba el arma y hacía disparos al aire. Era una locura”, recordó durante una entrevista en la sección El Personaje, del noticiero La Alianza Informativa, de La Voz de la Patria Celestial.
La emboscada
Un episodio ocurrido el 20 de octubre de 1998, durante una emboscada del Ejército de Liberación Nacional (ELN) en la Sierra Nevada de Santa Marta, marcó un punto de inflexión en la vida de Yastolfo y comenzó a transformar su manera de ver las cosas. El ataque ocurrió en una vereda conocida como Parranda Seca, donde sintió que podía morir en cualquier momento. “Sentía que las balas me rozaban y que las ramas caían. En esa emboscada que nos hizo el ELN, allí en la Sierra Nevada, sentí la muerte. Ese día comenzó Dios a inquietarme”, recordó.
Él y otros siete integrantes del grupo quedaron perdidos durante tres días, sin alimentos y sin comunicación por radio. Uno de sus compañeros, cristiano, propuso que se tomaran de las manos y oraran. Después de aquel momento, todos se quedaron dormidos y, al día siguiente, escucharon la sirena de la Cruz Roja Internacional. Para sorpresa del grupo, el radio que estaba descargado volvió a funcionar y pudieron comunicarse para facilitar su rescate. Yastolfo recuerda aquella experiencia como uno de los primeros momentos en que sintió que Dios comenzaba a inquietarlo.

El “Negrito” Osorio
En varias ocasiones, Yastolfo recibió invitaciones para asistir a una iglesia, pero siempre las rechazaba. En aquel momento, la idea de convertirse en creyente y participar en una congregación le resultaba ajena. “¿Yo en una iglesia? Estás loco. ¿Yo meterme ahí? Esos que aplauden, que se desmayan, que gritan… No, no, no. Eso no es para mí. ¿Y darle plata a un pastor que no trabaja?”, respondía, convencido de que ese mundo no tenía nada que ver con él.
La decisión de acercarse a Cristo llegó después de atravesar una etapa especialmente difícil de su vida. La muerte de su primera esposa, la separación de su única hija, la soledad que enfrentaba y una complicada situación económica marcaron aquellos días. En medio de esas circunstancias, comenzó a buscar respuestas y encontró en la fe un camino que hasta entonces había rechazado.
Un domingo decidió entrar a una iglesia, sin imaginar que allí encontraría una palabra que marcaría su vida. El predicador era Dagoberto Osorio, conocido como el Negrito Osorio, quien años atrás lo había contratado para participar en parrandas en Valledupar. Al verlo con un acordeón y escucharlo predicar, Yastolfo rompió en llanto.
Osorio predicó sobre los versículos de Josué 1:5-9, y le impactó el último: “Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas”. Desde entonces comenzó un proceso de transformación en medio de nuevas pruebas, tentaciones y decisiones difíciles. La vida que antes giraba alrededor de la protección de otros empezó a tomar otro sentido: prepararse para servir a Dios y llevar su mensaje.
La profecía del llamado
Cuenta cómo aquel encuentro con Cristo fue dando paso a un llamado ministerial que, en principio, le parecía ajeno a sus capacidades y a sus propios planes. Lo que comenzó como una invitación de un amigo, el ministro Giuseppe Creazzo Bruno, durante una caminata por las playas del Rodadero en Santa Marta, terminó convirtiéndose en una palabra que permanece aún en su corazón: -Vas a ser pastor- Le sentenció Creazzo. En aquel momento no lo creyó. Sin embargo, con el paso de los años, junto a su esposa Ivonne Mendoza, fue asumiendo responsabilidades dentro de la congregación hasta que ambos fueron ordenados para servir en la obra de Dios.
Su camino pastoral comenzó entre aprendizajes, temores y experiencias que fortalecieron su fe. Recuerda que una de sus primeras oportunidades para predicar llegó durante la pandemia, cuando los servicios se realizaban de manera virtual. La palabra que preparó se tituló Quitar la piedra. También relata una experiencia anterior en la que oró por su padre, quien padecía un fuerte dolor renal, y asegura que este desapareció después de la oración. Más adelante, junto a su esposa, asumió temporalmente el liderazgo de una congregación en Barranquilla, donde vivieron momentos que confirmaron su vocación de servicio.

Casa de Oración Monte Alto
Pero el llamado no terminaba allí. Según cuenta, comenzó a sentir una insistente inquietud espiritual para abrir una iglesia propia. Al principio pensó que podía tratarse de una emoción pasajera, incluso su esposa tenía algunas reservas. Sin embargo, después de recibir nuevas señales y dedicar 40 días a la oración, ambos tomaron la decisión. El 8 de diciembre de 2024 realizaron su primer servicio en la sala de su casa, acompañados inicialmente por su hija. De tres personas fueron pasando a cinco, ocho y luego más asistentes. Aquella sala, que cada domingo debía transformarse para recibir a la congregación, se convirtió en el punto de partida de Casa de Oración Monte Alto.
El crecimiento trajo nuevos desafíos. Después de buscar un lugar adecuado, encontraron un local en la Ciudadela 29 de Julio, en Santa Marta, donde comenzaron a congregarse. El cambio no fue sencillo: algunos de quienes asistían a los servicios en la casa no continuaron en el nuevo espacio y la asistencia disminuyó, pero el pastor Yastolfo Montenegro y su esposa persistieron. Hoy cuentan con aproximadamente 20 a 25 asistentes y recuerdan con gratitud los testimonios que han acompañado este proceso, entre ellos el de su suegra, quien, según relata, recibió una respuesta de Dios relacionada con su salud. Así, el hombre que alguna vez imaginó su futuro al frente de una empresa de seguridad encontró otro propósito: dedicar su vida a servir, compartir el Evangelio y acompañar a otros en su encuentro con Dios.

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