La historia de Seydath (nombre protegido) es un relato que conmueve y transforma. Desde muy joven, su vida estuvo marcada por el dolor y la injusticia. A los 13 años fue entregada en matrimonio a un hombre mayor en Medio Oriente, convirtiéndose en su quinta esposa. Aquella decisión la sumió en una existencia de soledad, sometimiento y sufrimiento. Sin embargo, lo más duro aún estaba por llegar: a los 40 años recibió un diagnóstico devastador, cáncer de hueso en fase terminal.
Seydath fue internada en un hospital, abandonada por su familia y sin esperanza. Las noches se convirtieron en tormento, pues visiones de espíritus malignos la acosaban y no la dejaban dormir. En medio de esa oscuridad, esperaba la muerte como única salida. Fue entonces cuando unas misioneras cristianas se acercaron para orar por ella. Con miedo y rechazo, les respondió: “No voy a creer en Jesús, no quiero ir al infierno como infiel. solo creo en Mahoma”.
Pero Dios tenía un plan diferente. Esa misma noche, mientras los pastores intercedían por ella, ocurrió lo inesperado. En un sueño vívido, Seydath vio al Rey de Reyes entrar en su habitación. Jesús se acercó, tocó su cuerpo enfermo con sus manos traspasadas por los clavos y le dijo con voz firme y amorosa: “Levántate y sé mi testigo”.
Al despertar, el dolor había desaparecido. La mujer que hasta entonces esperaba la muerte se levantó de la cama, se arrodilló y exclamó con lágrimas: “¡Creo en Jesús! Él realmente murió y resucitó por mí. A partir de ahora, Él es mi Salvador”.
Desde ese día, Seydath no solo fue sana físicamente, sino también liberada espiritualmente. El cáncer que la condenaba no pudo resistir el poder de Cristo. Su vida cambió radicalmente: la desesperanza se convirtió en fe, la soledad en compañía, y el miedo en testimonio. Hoy proclama con alegría que Jesús es real, que sigue sanando y que su poder trasciende religiones, fronteras y culturas.
Este testimonio nos recuerda que no importa cuán lejos estemos ni qué religión profesemos. Cuando Cristo se revela, lo hace para transformar, sanar y salvar. Lo que la religión no pudo hacer en años, Jesús lo hizo en un instante. La historia de Seydath es un llamado a creer que el mismo Dios que venció la muerte sigue obrando milagros hoy..
Redacción Buenas Nuevas
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