La Defensoría del Pueblo ha revelado un panorama doloroso: más de 12 mil mujeres han sido víctimas de delitos sexuales en Colombia durante 2025, además de cientos de casos de feminicidio, violencia intrafamiliar y trata de personas. Estas cifras no son solo estadísticas; son rostros, historias y vidas que claman justicia y protección.
La Palabra de Dios nos recuerda que toda mujer, toda persona, ha sido creada “a imagen y semejanza de Dios” (Génesis 1:27). Por eso, cada acto de violencia contra ellas es también una herida contra la dignidad divina. Jesús mismo nos advirtió: “En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo” (Juan 16:33).Esta promesa nos impulsa a rechazar la desesperanza, a levantar la voz y a trabajar activamente por un país que respete la vida y la integridad de las mujeres.
La Palabra también nos exhorta a tratar a la mujer como “vaso frágil”, no en el sentido de debilidad, sino en el reconocimiento de su valor y dignidad especial delante de Dios. El apóstol Pedro nos recuerda: “Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo” (1 Pedro 3:7). Este llamado es una invitación a la ternura, al respeto y a la protección, reconociendo que en Cristo hombres y mujeres son herederos de la misma gracia.
En los hogares cristianos
Lamentablemente, también en hogares que se llaman cristianos se han evidenciado casos de violencia contra la mujer. Esto nos recuerda que la fe no puede ser solo un nombre o una apariencia, sino una práctica viva de amor y respeto. El apóstol Pablo nos exhorta: “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia y se entregó a sí mismo por ella” (Efesios 5:25). Cuando olvidamos este mandato, la violencia contradice el evangelio y hiere el testimonio de Cristo en nuestras familias.
El informe de la Defensoría nos confronta con la urgencia de construir espacios seguros y libres de violencia. Como iglesia, estamos llamados a ser “luz del mundo” (Mateo 5:14), denunciando el mal y acompañando a quienes sufren. Que este Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres no sea solo una fecha conmemorativa, sino un compromiso permanente de oración, acción y esperanza. Porque Dios “es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones” (Salmo 46:1), y en Él encontramos la fuerza para transformar la realidad con justicia y amor.
Preguntas de reflexión
- ¿Estamos honrando a las mujeres en nuestra vida como coherederas de la gracia de Dios?
- ¿De qué manera nuestras palabras y acciones reflejan ese trato digno y respetuoso?
- ¿Cómo podemos, como comunidad de fe, ser un refugio seguro para ellas en medio de un mundo que tantas veces las vulnera?
PD.La ONU estableció la fecha en 1999 en memoria de las hermanas Mirabal —Minerva, Patria y María Teresa—, tres activistas políticas de República Dominicana que el dictador Rafael Leónidas Trujillo asesinó brutalmente en 1960.
Desde entonces, el 25 de noviembre se convirtió en un símbolo global de resistencia y en un llamado a erradicar todas las formas de violencia contra las mujeres y niñas.
Redacción: Buenas Nuevas
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Cuando en nuestros hogares honrramos al Señor en nuestra pareja, conyuge o hijos; estamos formando familias sanas mentalmente y respetuosas; donde la vida en Cristo transciende de ser una simple retórica a una experiencia diaria basada en el respeto y el amor por el prójimo; lo cual nos indica que es básica esta formación en los hogares para bajar los índices de Violencia no sólo en la mujer; sino en la familia en general. Oremos al Señor para que su Presencia nos acompañe en todos los momentos de la vida cotidiana y tome control de la mente humana influida muchas veces por apegos personales y egoístas que conyeven a todo tipo de Violencia fuera del orden de Dios.