Los protestantes y su idolatría por el pastor

He observado en mis hermanos protestantes, la inclinación o tendencia a convertir al «pastor» en un ídolo. Es decir, a idolatrarlo o adorarlo. Para ellos el pastor es una especie de Dios, infalible, perfecto, sin nada que objetar ni tachar. Desertaron de la Iglesia Católica, dizque porque «allí adoran santos de palo, e imágenes de yeso» para venirse a adorar acá a hombres de carne y hueso. Allá «adoraban muertos», acá adoran vivos.

Cuando Thomas Carlyle, el célebre historiador y filósofo inglés escribió su famosa obra «Culto a los héroes», me hace recordar o pensar que entre los protestantes se profesa también un «culto a los pastores». Es un atavismo del cual no se ha podido liberar el pueblo cristiano protestante.

Es un «reflejo condicionado» -para emplear una terminología del sicólogo y científico ruso Iván Paulov- que pervive en el subconsciente de esta gente, como un rezago secular y fatal que le ha dejado la herencia politiquera de adoración por «el líder», el «caudillo» y «el cacique».

Ya los protestantes no adoran a Cristo, sino a «su pastor».  (83)

Me pregunto yo: ¿Merece un hombre de estos tanta veneración y respeto?

Veamos lo que dice la Sagrada Escritura sobre este particular, y me remito para ello al santo Evangelio según San Juan, 10:11-15 el cual transcribimos a continuación y lleva por título:

Jesús el buen pastor

11 Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas.

12 Mas el asalariado, y que no es el pastor, de quien no son propias las ovejas, ve venir al lobo y deja las ovejas y huye, y el lobo arrebata las ovejas y las dispersa.

13 Así que el asalariado huye, porque es asalariado, y no le importan las ovejas.

14 Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen,

15 así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas.

Resaltemos algunas partes, para analizar con base en ello, el texto:

– Yo soy el buen pastor. Al identificarse Jesús como «el buen pastor», se deduce, por paralelismo antitético, que hay también «malos pastores».

– El buen pastor su vida da por las ovejas. Jesucristo demostró que era o es, el buen pastor, porque dio su vida por nosotros (Así quedó registrado históricamente). Ahora bien, un hombre de esos, mal llamado «pastor», si acaso, a duras penas te dará el saludo. (Un saludo que no cuesta nada).  84

Jesucristo murió en una cruz y derramó su sangre preciosa en el calvario, para redimirnos del pecado. ¿será capaz un hombre de «esos», de dejarse crucificar en un madero, o derramar siquiera un milímetro de sangre por ti?.

– «Mas el asalariado…» Eso. Eso es precisamente lo que son: unos asalariados. Unos hombres que están allí, solamente por un salario, por un sueldo, como cualquier empleado o burócrata.

¿Y en qué consiste su trabajo? Pues en decir «un sermón». (Si es que a eso se le puede llamar sermón). Una cháchara, una sarta de errores doctrinales y barbarismos sintácticos y semánticos. Recuerdo en este punto a x-x el pastor adventista que hablando de Amós 7:14 donde Amós dice: «no soy profeta, ni soy hijo de profeta, sino que soy boyero…» No sabía el pobre hombre qué significaba la palabra boyero. Y se preguntaba: «¿será que hacía bollos?» Entonces como la obra de misericordia manda «enseñar al que no sabe», tuve que explicarle que boyero viene de bueyes, que boyero es el que conduce a los bueyes. Pero en el colmo de su insensatez, no daba crédito a mi explicación o instrucción, porque provenía de «un hermanito» y para salir de dudas y agravar más su error e inconsecuencia, fue entonces a consultar «El Diccionario Adventista», en vez de consultar más bien «El Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española».

También E.T. (y es un honor para ti que te mencione en este libro) cuando me invitó a su iglesia Bautista, yo rechacé su invitación diciéndole que no asistía a su iglesia, porque en ella había mucha «laxitud». «¿Y qué es eso?» Me preguntó extrañado el infeliz, pues no sabía qué significaba esa palabra, y tuve entonces que enseñarle un poquito de semántica, para explicarle que «laxitud» corresponde a lo que en el lenguaje vulgar se designa como «relajo», disolución moral, corrupción, etc., todo eso se lo expliqué y entonces como se vio atrapado en su palatina ignorancia, la emprendió contra mí con términos soeces y ofensivos… ¡Que falta de formación intelectual la de los pastores protestantes!

– … «y que no es el pastor»… Jesucristo declara o afirma aquí categóricamente que «esos» «no son pastores» Son palabras de Jesucristo y no mías.

Ya que de ellos tampoco son propias las ovejas. Las ovejas le pertenecen a Cristo, el único pastor verdadero y no a ningún pastorzuelo protestante (En cuanto a mí, puedo decirte con el Salmo 23:1: «El Señor es mi pastor, nada me falta»).

Jesucristo declara tácita o expresamente en este pasaje que las ovejas le pertenecen sólo a Él, porque Él las compró o nos compró a precio de sangre -con sangre preciosa nos adquirió y no con oro ni con plata-.

Somos ovejas, de su prado, pero no borregos de ningún pastor improvisado.

Y reitera: «Así que el asalariado huye» (sale corriendo, se esconde, te voltea la espalda cuando te presentas ante él con algún problema o dificultad. No esperes de estos hombres ningún favor o alivio. ¡Clama a Jesucristo! Que Él sí te escucha y está dispuesto a ayudarte. «Clama a mí y yo te responderé» -¡ora! En vez de irle a tocarle la puerta a un hombre de esos del cual nada vas a conseguir. Nada, sino menosprecio e indiferencia. Y finalmente: «No le importan las ovejas». Les importa un bledo lo que a ti te esté ocurriendo. Tú confía en Dios y no en los hombres, porque «Maldito el hombre que confía en el hombre» según lo dice Jeremías 17:5.

Para concluir, transcribimos todo el capítulo 34 de Ezequiel, que lleva por título Profecía contra los pastores de Israel, y que a la letra dice:

34 Vino a mí Palabra de Jehová, diciendo:

2 Hijo de hombre, profetiza contra los pastores de Israel; profetiza, y di a los pastores: Así ha dicho Jehová el Señor: ¡Ay de los pastores de Israel que se apacientan a sí mismos! ¿No apacientan los pastores a los rebaños?

3 Coméis la grosura, y os vestís de la lana; la engordada degolláis, más no apacentáis a las ovejas.

4 No fortalecisteis las débiles, ni curasteis la enferma; no vendasteis la perniquebrada, ni volvisteis al redil la descarriada, ni buscasteis la perdida, sino que os habéis enseñoreado de ellas con dureza y con violencia.

5 Y andan errantes por falta de pastor, y son presa de todas las fieras del campo, y se han dispersado.

6 Anduvieron perdidas mis ovejas por todos los montes, y en todo collado alto; y en toda la faz de la tierra fueron esparcidas mis ovejas y no hubo quien las buscase, ni quien preguntase por ellas.

7 Por tanto, pastores, oíd palabra de Jehová:

8 Vivo Yo, ha dicho Jehová el Señor, que por cuanto mi rebaño fue para ser robado, y mis ovejas fueron para ser presa de todas las fieras del campo, sin pastor; ni mis pastores buscaron mis ovejas, sino que los pastores se apacentaron a sí mismos, y no apacentaron mis ovejas;

9 por tanto, oh pastores, oíd palabra de Jehová.

10 Así ha dicho Jehová el Señor: He aquí, yo estoy contra los pastores y demandaré mis ovejas de su mano, y les haré dejar de apacentar las ovejas, ni los pastores se apacentarán más así mismos, pues yo libraré mis ovejas de sus bocas, y no les serán más por comida.

11 Porque así ha dicho Jehová el Señor: He aquí yo, yo mismo iré a buscar mis ovejas, y las reconoceré.

12 Como reconoce su rebaño al pastor el día que está en medio de sus ovejas esparcidas, así reconoceré mis ovejas y las libraré de todos los lugares en que fueron esparcidas el día del nublado y de la oscuridad.

13 Y yo las sacaré de los pueblos, y las juntaré de las tierras; las traeré a su propia tierra, y las apacentaré en los montes de Israel, por las riberas, y en todos los lugares habitados del país.

14 En buenos pastos las apacentaré, y en los altos montes de Israel estará su aprisco; allí dormirán en buen redil, y en pastos suculentos serán apacentadas sobre los montes de Israel.

15 Yo apacentaré mis ovejas, y yo les daré aprisco, dice Jehová el Señor.

16 Yo buscaré la perdida, y haré volver al redil la descarriada, vendaré la perniquebrada, y fortaleceré la débil, más a la engordada y a la fuerte destruiré; las apacentaré con justicia.

17 Mas en cuanto a vosotras, ovejas mías, así ha dicho Jehová el Señor: He aquí yo juzgo entre oveja y oveja, entre carneros y machos cabríos.

18 ¿Os es poco que comáis los buenos pastos, sino que también holláis con vuestros pies lo que de vuestros pastos queda; y que bebiendo las aguas claras enturbiáis además con vuestros pies las que quedan?

19 Y mis ovejas comen lo hollado de vuestros pies, y beben lo que con vuestros pies habéis enturbiado.

20 Por tanto, así les dice Jehová el Señor: He aquí yo, yo juzgaré entre la oveja engordada y la oveja flaca,

21 por cuanto empujasteis con el costado y con el hombro, y acorneasteis con vuestros cuernos a todas las débiles, hasta que las echasteis y las dispersasteis.

22 Yo salvaré a mis ovejas, y nunca más serán para rapiña; y juzgaré entre oveja y oveja.

23 Y levantaré sobre ellas a un pastor, y él las apacentará; a mi siervo David, el las apacentará, y él les será por pastor.

24 Yo Jehová les seré por Dios, y mi siervo David príncipe en medio de ellos. Yo Jehová he hablado.

25 Y estableceré con ellos pacto de paz, y quitaré de la tierra las fieras; y habitarán en el desierto con seguridad, y dormirán en los bosques.

26 Y daré bendición a ellas y a los alrededores de mi collado, y haré descender la lluvia en su tiempo; lluvias de bendición serán.

27 Y el árbol del campo dará su fruto, y la tierra dará su fruto, y estarán sobre su tierra con seguridad; y sabrán que yo soy Jehová, cuando rompa las coyundas de su yugo, y los libre de mano de los que se sirven de ellos.

28 No serán más por despojo de las naciones, ni las fieras de la tierra las devorarán; sino que habitarán con seguridad y no habrá quien las espante.

29 Y levantaré para ellos una planta de renombre, y no serán ya más consumidos de hambre en la tierra, ni ya más serán avergonzados por las naciones.

30 Y sabrán que yo Jehová su Dios estoy con ellos y ellos son mi pueblo, la casa de Israel, dice Jehová el Señor.

31 Y vosotras, ovejas mías, ovejas de mi pasto, hombres sois, y Yo vuestro Dios, dice Jehová el Señor.

El texto es claro, conciso y contundente, y no necesita ningún comentario al respecto, porque «para un buen entendedor, pocas palabras».

El columnista José Luis Ángulo, hace una interpretación biblica de los últimos tiempos.
Teólogo José Luis Angulo

Escrito por: JOSE L. ANGULO MENCO, filosofo, escritor, especialista en Ciencias Religiosas y Sagradas Escrituras y docente universitario.

Puedes leer:

Artículo de José Luis Angulo Menco sobre la justicia de Dios, el juicio divino y el llamado bíblico al arrepentimiento.

La justicia de Dios a través de los tiempos

Sé el primero en comentar

Deja un comentario

Tu dirección de correo no será publicada.


*