Una visión retrospectiva de los hombres impíos del pasado, que se levantaron contra Dios pero fueron destruidos. Y aun en estos tiempos donde abunda la maldad y el pecado se levantarán hombres perversos pero también serán consumidos por la ira de Dios.
1. La senda antigua
Del libro de Job, 22:15-20 extraemos la siguiente perícopa o porción bíblica:
“ 15 ¿Quieres tú seguir la senda
antigua
Que pisaron los hombres
Perversos,
16 Los cuales fueron cortados antes
de tiempo,
Cuyo fundamento fue como un
río derramado?
17 Decían a Dios: Apártate de
nosotros.
¿Y qué les había hecho el
Omnipotente?
18 Les había colmado de bienes sus
casas.
Pero sea el consejo de ellos lejos
de mí.
19 Verán los justos y se gozarán;
Y el inocente los escarnecerá,
diciendo:
20 Fueron destruidos nuestros
adversarios,
Y el fuego consumió lo que de
ellos quedó.
2. Las ciudades malvadas
La Biblia nos narra en sus maravillosas páginas, cómo desde la más remota antigüedad hubo ciudades que fueron abatidas por la mano de Dios, a causa de su perversidad y pecado. Unas de ellas entre las mas conocidas fueron Sodoma y Gomorra (Génesis 19: 24-25).
El juicio divino consumió a Sodoma bajo una lluvia de fuego y azufre que indudablemente inflamaron los pozos de asfalto de aquel valle. Sodoma es considerada como ciudad símbolo de iniquidad, culpable de un desenfreno en repugnantes pecados contra natura (Jud. 7). La destrucción de Sodoma y Gomorra, tanto en lo repentino del acontecimiento como en su globalidad, es expuesta como una advertencia a los pecadores de los juicios venideros (Lucas 17:29; Judas 7).
Después de esto, unos siglos mas adelante sobrevino la destrucción de Nínive. Nínive se merecía el calificativo de “ciudad sanguinaria” que le diera el profeta Nahúm (Nah. 3:1). La devastación de la ciudad fue tan grande que después de la época griega y romana llegó a considerarse la misma existencia de la ciudad, como un mito. “Y era Nínive, dice el profeta Jonás, ciudad grande en extremo, de tres días de camino”. En cuanto a los argumentos de Voltaire ante esta afirmación, sólo demostró su ignorancia al afirmar la imposibilidad de que una metrópolis tan grande pudiera desaparecer totalmente. De acuerdo a Deodoro Siculos, esta ciudad fue destruida aproximadamente un siglo después, tal como Nahúm lo había predicho.
En el Nuevo Testamento, Cristo se lamenta por las ciudades impenitentes de su tiempo y con espíritu afligido llega a exclamar: “¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que han sido hechos en vosotras, tiempo ha que se hubieran arrepentido en Cilicio y en ceniza. Por tanto os digo que en el día del juicio, será más tolerable el castigo para Tiro y para Sidón, que para vosotras. Y tú, Capernaum, que eres levantada hasta el cielo, hasta el Hades serás abatida; porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que han sido hechos en ti, habría permanecido hasta el día de hoy. Por tanto os digo que en el día del juicio, será más tolerable el castigo para la tierra de Sodoma, que para ti”. (Mateo 11: 21-24).
Los anteriores versículos son un testimonio de que estas ciudades recibieron el Evangelio y presenciaron los hechos y milagros de Cristo, mas no se arrepintieron. Por eso el Señor, las conmina a la destrucción y a un castigo mayor que el de Sodoma y Gomorra en el día del juicio. Son también, a nivel individual, una amonestación para aquellas personas que habiendo escuchado el Evangelio no se apartan de su vida pecaminosa y disoluta.
3.Tiempo contemporáneo (2ª Pedro 3: 1-18)
El día del Señor vendrá
3 Amados, esta es la segunda carta que os escribo, y en ambas despierto con exhortación vuestro limpio entendimiento,
2 para que tengáis memoria de las palabras que antes han sido dichas por los santos profetas, y del mandamiento del Señor y Salvador dado por vuestros apóstoles;
3 sabiendo primero esto, que en los postreros días vendrán burladores, andando según sus propias concupiscencias,
4 y diciendo: ¿Dónde está la promesa de su advenimiento? Porque desde el día en que los padres durmieron, todas las cosas permanecen así como desde el principio de la creación.
5 Estos ignoran voluntariamente, que en el tiempo antiguo fueron hechos por la palabra de Dios los cielos, y también la tierra, que proviene del agua y por el agua subsiste,
6 por lo cual el mundo de entonces pereció anegado en agua;
7 pero los cielos y la tierra que existen ahora, están reservados por la misma palabra, guardados para el fuego en el día del juicio y de la perdición de los hombres impíos.
8 Mas, oh amados, no ignoréis esto: que para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día.
9 El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.
10 Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán desechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas.
11 Puesto que todas estas cosas han de ser desechas, ¡cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir,
12 esperando y apresurándoos para la venida del día de Dios, en el cual los cielos, encendiéndose, serán desechos, y los elementos, siendo quemados, se fundirán!
13 Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia.
14 Por lo cual, oh amados, estando en espera de estas cosas, procurad con diligencia ser hallados por él sin mancha e irreprensibles, en paz.
15 Y tened entendido que la paciencia de nuestro Señor es para salvación; como también nuestro amado hermano Pablo, según la sabiduría que le ha sido dada, os ha escrito,
16 casi en todas sus epístolas, hablando en ellas de estas cosas; entre las cuales los indoctos e inconstantes tuercen, como también las otras Escrituras, para su propia perdición.
17 Así que vosotros, oh amados, sabiéndolo de antemano, guardaos, no sea que arrastrados por el error de los inicuos, caigáis de vuestra firmeza.
18 Antes bien, creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. A él sea gloria ahora y hasta el día de la eternidad. Amén.

Escrito por: JOSE L. ANGULO MENCO, filosofo, escritor, especialista en Ciencias Religiosas y Sagradas Escrituras y docente universitario.
Puedes leer:


Sé el primero en comentar