Con este título de novela policíaca, o de película de intriga y de misterio, escribimos hoy acerca del Espíritu Santo. Efectivamente, el Espíritu Santo es en nuestra devoción diaria el gran desconocido de las tres personas de la Santísima Trinidad.
Conocemos al Padre, porque el hijo le ha dado a conocer conforme lo dice el evangelista San Juan 1:18: “A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer”. Cuando Felipe dijo a Jesús: muéstranos al Padre, él le dijo: “¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mi, ha visto al Padre”, (Juan 14:8, 79).
Conocemos al Hijo, porque él es el verbo de Dios “Y aquel verbo fue hecho carne y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad”. (Juan 1:14). Nos dice también San Pablo refiriéndose a Cristo: Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación”. (Colosenses 1: 15).
Los dones
Pero del Espíritu Santo no sabemos casi nada o sabemos muy poco. Solo en algunos pasajes de la Biblia se habla de él: En el bautismo de Jesús aparece manifestado en forma de paloma. (Mateo 3:16). En Pentecostés se manifestó a los apóstoles y a todos los creyentes allí presentes, primero en un viento recio que soplaba y después en forma de lenguas de fuego que se asentaron sobre cada uno de ellos. (Hechos 2:2,3). Sabemos del Espíritu Santo que él es dador de los dones. Los dones del Espíritu Santo son los siguientes: Palabra de Sabiduría; Palabra de Ciencia; Fe; Sanidades; Milagros; Profecía; Discernimiento de espíritus; Lenguas; Interpretación de lenguas (1 Corintios 12:8-10).
La regeneración o nuevo nacimiento es la resurrección espiritual que opera el Espíritu en el corazón del pecador en el momento de la conversión: “Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu; no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo. El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de donde viene, ni a donde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu”. (Jesús y Nicodemo – Juan 3:5-8). (Es de anotar que tanto el término Espíritu, como el término viento, se designan en griego con la misma palabra: pneuma).
El Paracleto
Al Espíritu Santo se le designa como el Paracleto, transcripción de un término griego, Parakletos, que significa: uno que está a nuestro lado para ayudarnos. En ocasiones el término Parakletos es usado en forma castellana como “Paráclito” que se traduce como Consolador, pues el Espíritu Santo es nuestro gran consolador. Así lo encontramos en Juan 14:16. Jesús dijo a sus discípulos: “Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho” (Juan 4: 26).
Finalmente: “Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuese, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere os lo enviaré. Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio”. (Juan 16:7,8).
Recomiendo a mis hermanos católicos el libro de Antonio Royo Marín, “El Gran Desconocido”, Biblioteca de Autores Cristianos (B. A. C.), Madrid, 1997.
Recomiendo a mis hermanos protestantes la obra de Benny Hinn, “Buenos Días, Espíritu Santo”, Editorial Unilit, Miami, 1990. Esto a fin de incrementar la devoción y oración al Espíritu Santo.
“La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros. Amén”. (2 Corintios 13:14).

Escrito por: JOSE L. ANGULO MENCO, filosofo, escritor, especialista en Ciencias Religiosas y Sagradas Escrituras y docente universitario.
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