Líderes eclesiales y política: El debate sobre orientación vs. imposición

En el complicado cruce entre la fe y la política, los líderes eclesiales se encuentran en una encrucijada ética: ¿Cómo guiar a sus fieles en el ejercicio cívico sin caer en la tentación de imponer sus propias preferencias partidistas? Esta interrogante cobró especial relevancia durante las elecciones presidenciales de 2018 en Colombia, cuando algunos líderes religiosos optaron por cruzar la línea entre la orientación moral y la coerción política.

Uno de los puntos más alarmantes fue el uso irresponsable de la autoridad religiosa para calificar como pecaminoso el apoyo a ciertos candidatos. Esta práctica, además de ser moralmente cuestionable, fragmentó aún más una sociedad ya dividida por diferencias políticas. Algunos líderes llegaron al extremo de afirmar tener “visiones divinas” que, en realidad, eran estrategias manipulativas para inducir el voto hacia una preferencia personal.

La Biblia, a menudo utilizada como respaldo para justificar posturas políticas, no debe ser manipulada para legitimar preferencias personales. Cada individuo tiene el derecho y la responsabilidad de formar sus propias convicciones políticas, basadas en principios fundamentales y no en influencias externas.

Una crítica clave apunta a la división que ha generado la instrumentalización política de las congregaciones. En lugar de ser un faro de unidad y transformación social, la iglesia se ha convertido en un espacio donde las diferencias políticas se magnifican y se convierten en motivo de discordia. Los líderes eclesiales deben ser conscientes del poder de sus palabras y acciones en la sociedad, evitando así profundizar divisiones en lugar de abogar por la reconciliación y el entendimiento mutuo.

En lugar de fomentar divisiones, los líderes religiosos deberían instar a sus congregaciones a orar por los gobernantes, independientemente de su afiliación política, promoviendo así la paz y la concordia en lugar de la discordia.

El verdadero llamado a la acción es utilizar el púlpito como un lugar de reflexión y oración, no como un altavoz partidista. Invitar a la comunidad a orar por los gobernantes, independientemente de su afiliación política, es un acto de inclusión y reconciliación que trasciende las divisiones ideológicas. La verdadera transformación social surge del compromiso colectivo con principios universales de justicia y amor, no de la imposición de visiones partidistas.

Resulta incoherente e ilógico escuchar a personas predicar el evangelio de Jesús y, al mismo tiempo, desearle el mal a un gobernante o incluso denigrarlo con burlas y palabras irrespetuosas. Esta contradicción fundamental revela una falta de autenticidad en la práctica de la fe cristiana. El mensaje de Jesús está arraigado en el amor y la compasión hacia todos, incluidos aquellos con quienes no estamos de acuerdo políticamente.

Despreciar o insultar a las autoridades elegidas democráticamente va en contra de los principios de respeto y dignidad humana que el evangelio enseña. Los líderes religiosos, en particular, tienen la responsabilidad de modelar el ejemplo de Jesús en sus acciones y palabras públicas, promoviendo la paz y la reconciliación en lugar de sembrar discordia y división.

La discrepancia entre la retórica de paz que muchos líderes eclesiales proclaman y su comportamiento selectivo al ejercerla, especialmente cuando se trata de defender sus gustos políticos personales, es profundamente decepcionante. Este contraste revela una falta de coherencia ética y moral, erosionando la credibilidad de la fe y exacerbando las divisiones en lugar de promover la unidad y la reconciliación que tanto se predican desde el púlpito. Nuestro deber como cristianos es orar por todos nuestros gobernantes, independientemente de nuestras afinidades políticas o ideológicas. La Biblia nos llama a interceder por aquellos en autoridad, reconociendo que nuestras oraciones pueden tener un impacto significativo en sus vidas y decisiones. Orar por nuestros líderes es una expresión de amor y respeto por la dignidad humana de cada persona, y nos recuerda que todos necesitan la guía y el apoyo de Dios para llevar a cabo sus responsabilidades.

Escrito por: Joel David Serrano Márquez Administrador de Empresas. Teólogo Bíblico Ministerial. Especialista en Gerencia de Producción y Operaciones Logísticas. Maestrante en Inteligencia de Negocios.

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