Nación dividida

Por: Manuel De la Rosa

Resulta supremamente doloroso observar lo que sucede en nuestro país, muy similar a lo que sucede en las demás naciones de nuestra región latinoamericana. Definitivamente, la sociedad colombiana está fragmentada con unas fisuras extremadamente profundas, que se incrementan aceleradamente, alimentadas por un odio que parece imposible de derrotar. Cuando comenzó la campaña por el plebiscito se hablaba de la polarización en Colombia. Me temo que ese término no describe fielmente lo que heredamos de un supuesto proceso de paz que destruyó el tejido social de tal manera que parecemos un objeto de cristal que cae al suelo y termina hecho añicos. Lo que era una unidad termina en miles de pedazos regados por el suelo, sin posibilidad de unirlos nuevamente. Hoy, Colombia es una nación totalmente atomizada en miles de partículas que no hayan algo que las una con las demás.

Manuel De la Rosa

Todos queremos algo, de maneras diferentes, con personas diferentes. Cada posición es excluyente de las demás. Si se coincide en algo, divide la forma. Si coincidimos en algo y la forma de hacerlo, nos separa quién debe liderar. Tristemente, permanece constante la reacción que estas diferencias provocan. Históricamente,  nuestras diferencias desembocan en violencia. Parece que hace parte de nuestro ADN.

Como creyentes, podemos encontrar en la Palabra de Dios muchas explicaciones sobre lo que está sucediendo en el país. Sabemos lo que sucede en el mundo espiritual y cómo el enemigo se mueve para lograr su terrible objetivo. La Biblia nos enseña a identificar las cosas que vienen de Dios y las que vienen de Satanás. Gálatas 5:19 hace una relación de las obras evidentes de la carne, lo que proviene del enemigo, entre las cuales encontramos las que claramente han invadido el corazón de los colombianos y se manifiestan en los hechos políticos y sociales que estamos presenciando como “enemistades, pleitos, celos, enojos, rivalidades, disensiones” y concluye con la advertencia categórica  que  “quienes practiquen tales cosas, no heredarán el reino de Dios”.

Esas son las expresiones que más se dan en nuestro país desde hace algunos años, además de los insultos, el odio, señalamientos, acusaciones sin fundamento y engaños. Tenemos que concluir que un espíritu de maldad se ha apoderado del corazón de la nación. Como decíamos al comienzo, tenemos un pueblo dividido, familias enfrentadas, hermano en guerra con su hermano, y todas las consecuencias que trae una nación apartada de Dios. Sabemos que la unidad viene de Dios, cuando es en torno a Dios; pero sabemos que la división la provoca el enemigo a través de las obras de la carne como lo vimos. La ruptura entre colombianos me hace pensar en lo que sucedió con el pueblo escogido de Dios. Después de Salomón el reino se dividió como consecuencia del pecado del monarca.

Colombia es una nación dividida con el agravante que, cada día que pasa, se dificulta mucho más la reconciliación. Los hechos violentos, las incitaciones de algunos sectores políticos con historial violento y delictivo, los discursos cargados de odios, y estos actores amparados por una alarmante  impunidad se confabulan para lograr la destrucción total de la unidad de nuestra sociedad. Esto nos obliga a los creyentes a mirar los hechos con ojos espirituales, hoy, más que nunca antes.


Nuestro deber cristiano es orar por nuestra nación, por cada uno de los colombianos, por nuestros gobernantes y líderes políticos y sociales, rogarle al Señor por la transformación de los corazones de todos los colombianos. Nuestro clamor es para que Dios sea el Señor que reine en Colombia y sea desterrado el enemigo y con él, eliminadas todas las obras de la carne. Verdaderamente, vivimos momentos muy complicados. Reina la confusión y sólo podremos encontrar la claridad en la Palabra de Dios. En ella está la luz y la guía para que se de la transformación en nosotros que permitirá la reunificación del pueblo en torno a la verdad y a Dios. De lo contrario estaremos destinados a vivir en medio de la zozobra, el caos, los enfrentamientos, el odio y la violencia.

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