Responsabilidad

“El nuevo nombre de la ética en el periodismo se llama: responsabilidad” ha expresado en varias oportunidades, de manera tajante, el maestro Juan Gossain en los últimos años.

Hoy, en cambio, observamos en la mayoría de los medios de comunicación un afán por competir, y no siempre de forma leal, por alcanzar audiencias a como dé lugar, por tener la primicia así no esté confirmada, por expresar su opinión sin reflexionar sobre el daño que puedan causar. En fin, por ejercer una profesión u oficio respetable de manera mercantilizada. Llevándose por delante al país.

La noticia hace rato entró en el mundo comercial. Y hoy es una mercancía “personalizada” de las grandes plataformas que manipulan al usuario o de poderosos medios de comunicación que hacen lo mismo con los ciudadanos.

Entonces conceptos como Ética, Rigor, Investigación, Contrapoder, Sana crítica o Verdad pasan a un segundo plano ante la ofensiva de multinacionales de la información que, en connivencia con algunos gobiernos, imponen sus objetivos comerciales, económicos y políticos específicos y de muy largo alcance.

Es por ello que es recomendable identificar realmente los medios y organizaciones periodísticas que, aun en contra de un sin número de dificultades y enfrentando valientemente a esas poderosas fuerzas, siguen predicando y practicando los principios del verdadero periodismo.

Es cierto que todos los ciudadanos tienen el derecho fundamental y constitucional de ejercer su libertad de expresión e incluso fundar medios masivos de comunicación (Art. 20 CN). Otra cosa es asumir la responsabilidad que compromete la delicada labor de Periodista.

También es cierto que la credibilidad, principal patrimonio de los verdaderos periodistas, se ha venido mermando por la trampa en que muchos han caído al entrar en el vertiginoso mundo de las redes sociales –en donde prima la especulación, la inmediatez, el entretenimiento y el espectáculo por encima de la exigencia, la investigación, la calidad y la responsabilidad– para competir con blogueros, twitteros, influenciadores, youtubers, etc. Otros simplemente se han convertido en muñecos de ventrílocuo de poderosos intereses particulares. En el mejor de los casos, parte de las nuevas generaciones de periodistas, incluso profesionales universitarios, terminan siendo comunicadores corporativos, realizadores de contenidos o anónimos “trabajadores de los medios” como les llama el maestro Kapuscinski.

De tal suerte que a lo que en los sistemas democráticos tradicionalmente se le denominó el “Cuarto Poder”, al que los ciudadanos recurrían contra los abusos de los otros poderes, ahora hay que sumarle el de los propios medios y las redes sociales que han venido siendo acaparados para manipular la opinión pública en un mundo cada vez más virtual. Con razón el prestigioso editor Ignacio Ramonet hace rato, viene hablando de la necesidad de conformar un “Quinto poder” como espacio para los verdaderos periodistas, mucho más cerca del ciudadano.

En nuestro país, uno de los más difíciles y peligrosos del mundo en donde se pueda ejercer el periodismo, una forma de “desaparecer” a los periodistas, sobre todo los llamados independientes, es cuando los poderes de diversa índole los asfixian económicamente. A veces con la connivencia de los entes públicos que para ello manipulan la pauta oficial.

La mayoría trata de atraer y mantener en vilo al mayor número de espectadores el mayor tiempo posible. Ese es el “éxito” y para ello recurren al suspenso, a los novelones, al drama por capítulos, al entretenimiento en vez de noticias y análisis. Eso cautiva a la audiencia, pero no deja de ser irresponsable con el país. 

Aquí cabe otra frase del maestro Gossain sobre los periodistas: “No es bueno que se vuelvan locos los guardianes del manicomio”.

Por Víctor Herrera Michel  Abogado-Periodista. Director Noticiero de la Gente-LA VOZ DE LA PATRIA CELESTIAL. Premio nacional de periodismo ANALDEX/PROEXPORT 2012. Escritor. Columnista. @vherreram

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