Hay líderes cuya influencia se limita al lugar desde donde hablan. Otros, en cambio, convierten sus convicciones en acciones que dejan huella en la sociedad. El pastor Jair González Tinoco pertenece a este último grupo. Su historia no se reduce al ejercicio pastoral, sino que se extiende al trabajo comunitario, la defensa de los valores y la construcción de iniciativas que han impactado al municipio de Malambo y al departamento del Atlántico.
Su encuentro con el evangelio ocurrió cuando apenas tenía diez años. No fue el resultado de una tradición familiar, sino de un milagro que marcó para siempre el destino de su hogar. El nacimiento de un hermano con una condición congénita —pies torcidos— y la restauración que, según relata, Dios obró en su vida se convirtieron en el punto de partida de una fe que, con el paso de los años, se transformó en una vocación de servicio. Desde entonces comprendió que el evangelio no tiene edad, sino el poder de cambiar el rumbo de una familia entera.
Con esa misma convicción llegó hace 36 años a Malambo. Allí comenzó a involucrarse en las juntas de acción comunal, en procesos sociales y en el acompañamiento a la comunidad, mucho antes de asumir responsabilidades públicas. Su liderazgo nació escuchando a la gente, caminando los barrios y entendiendo que la fe también debe expresarse en acciones concretas que mejoren la calidad de vida de las personas.
Fiesta de los Tabernáculos
Ordenado pastor en 2006, junto a su esposa, Leibys Arenas, consolidó el Ministerio La Gran Misericordia, una congregación que durante más de dos décadas se ha convertido en un referente espiritual para cientos de familias. Desde ese lugar ha promovido la formación de principios, el fortalecimiento de los hogares y el acompañamiento a quienes enfrentan momentos de dificultad, convencido de que la iglesia debe ser una respuesta para la sociedad y no un espectador de sus problemas.
Ese liderazgo trascendió los muros del templo. Como presidente de la Asociación de Pastores lideró una iniciativa que hoy hace parte de la historia institucional de Malambo: la aprobación de La Gran Fiesta de los Tabernáculos como celebración oficial del municipio. Lo que comenzó como una actividad de las iglesias terminó convertido en un espacio de integración, fe y proyección positiva para la municipalidad, demostrando que el diálogo entre la institucionalidad y las comunidades de fe puede generar resultados duraderos.
Su vocación de servicio también lo llevó al Concejo Municipal de Malambo. Desde esa corporación impulsó proyectos relacionados con la libertad religiosa, la participación ciudadana y el fortalecimiento de políticas públicas que reconocen el aporte de las iglesias en la construcción del tejido social. Para él, la fe no representa una barrera para participar en la vida pública; por el contrario, considera que los principios cristianos deben traducirse en decisiones que beneficien a toda la comunidad.
Frente a la inseguridad
Quienes lo conocen destacan la sencillez con la que combina sus distintas facetas: pastor, abogado, líder social, esposo, padre, atleta y servidor público. En cada una de ellas mantiene un mismo propósito: formar personas antes que seguidores, sembrar esperanza en medio de las dificultades y demostrar que el liderazgo auténtico se ejerce con ejemplo, coherencia y servicio.
Frente a la creciente inseguridad que ha golpeado a Malambo en los últimos años, no evade la realidad. Reconoce el dolor que dejan la violencia, las extorsiones y la delincuencia en las familias, pero insiste en que la respuesta también pasa por la recuperación de los valores, la oración y el trabajo conjunto entre las autoridades y la comunidad. Como pastor, asegura haber acompañado tanto a víctimas como a familias marcadas por la criminalidad, convencido de que ninguna sociedad cambia únicamente con leyes, sino también con la transformación del corazón.
Hoy, Jair González Tinoco continúa siendo una voz influyente dentro del liderazgo cristiano del Atlántico. Su ministerio sigue creciendo desde Malambo, mientras su mensaje insiste en que la transformación espiritual debe reflejarse también en la transformación de la sociedad. Porque, al final, su historia confirma que el verdadero liderazgo no se mide por los cargos que se ocupan, sino por las vidas que se inspiran y las comunidades que se ayudan a construir.

La familia
Pero si hay un capítulo que el pastor Jair relata con especial gratitud es el de su familia. En el camino Dios colocó a Leibys Arenas, una joven que por entonces recorría barrios y veredas como vacunadora. Entre jornadas de servicio y sueños compartidos nació una historia de amor que el tiempo fue fortaleciendo. Se casaron convencidos de que Dios los había unido para caminar en una misma dirección. Mientras él levantaba un ministerio, ella también crecía profesionalmente, primero como higienista oral, luego como tecnóloga en Administración en Salud. Hoy, esa vocación de servicio la llevó a ocupar una curul como concejal del municipio de Malambo, continuando un trabajo que ambos han entendido como una oportunidad para servir a la comunidad desde diferentes escenarios.
Jair y Leibys tienen dos hijos, Josué y Raquel, quienes decidieron seguir el camino de la medicina. Para esta pareja los logros académicos de sus hijos representan mucho más que un título universitario: son la cosecha de años sembrando principios, valores y fe. Habla de ellos con el orgullo sano de un padre que entiende que el mayor legado no son los cargos ni los reconocimientos, sino haber formado una familia donde el amor, el servicio y el temor de Dios siguen siendo el fundamento sobre el cual se construyen los sueños.
El atleta

Hay otra faceta que habla silenciosamente del carácter del pastor Jair: el atletismo. Cuando cruza la línea de meta, sabe que el verdadero triunfo no está en el cronómetro ni en el lugar que ocupa en el podio. Está en haber perseverado hasta el final. Es la misma convicción con la que ha vivido su ministerio: avanzar con disciplina, levantarse después de cada dificultad y correr, como escribió el apóstol Pablo, «la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús». Porque para él, tanto en el atletismo como en la vida cristiana, el mayor premio no es una medalla, sino permanecer fiel hasta el final

Toamdo de entrevista en la sección El Personaje del noticiero La Alianza Informativa de la Voz de la Patria Celestial
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