Cuando el amor exige perfección: la carga invisible de muchos niños

La carga invisible de muchos niños: el precio emocional de crecer creyendo que solo serán amados si nunca se equivocan.
Madre e hijo

Detrás de una buena intención puede esconderse una herida silenciosa. Muchos padres desean que sus hijos sean disciplinados, responsables y exitosos, pero cuando ese anhelo se transforma en una exigencia constante de perfección, las consecuencias pueden marcar profundamente el desarrollo emocional de los niños. Sobre esta realidad reflexionó la psicóloga Marlyn Pérez durante su participación en la sección Tiempo de Avanzar del noticiero La Alianza Informativa, que se emite por La Voz de la Patria Celestial.

Durante la entrevista, la especialista explicó que una crianza basada en estándares inalcanzables puede convertirse en una carga invisible que acompaña a las personas hasta la vida adulta. «El niño aprende a rendir y no a sentir», afirmó, al señalar que muchos menores llegan a creer que solo serán amados si obtienen buenas calificaciones, se comportan de manera impecable o cumplen todas las expectativas de sus padres y cuidadores. Cuando el error deja de ser una oportunidad para aprender y se convierte en motivo de rechazo o descalificación, la autoestima comienza a debilitarse.

Pérez, con más de 25 años de experiencia en clínica, insistió en que establecer normas, límites y ejercer la autoridad es indispensable dentro del hogar. Sin embargo, advirtió que existe una delgada línea entre formar con amor y exigir una perfección que desconoce la naturaleza propia de la infancia. «Los niños tienen derecho a equivocarse. Están en formación y es precisamente en los errores donde encuentran las mayores oportunidades de crecimiento», expresó.

Disciplina bíblica

Uno de los momentos más significativos de la conversación estuvo dirigido a los pastores y líderes cristianos. La psicóloga reconoció que, en muchos hogares pastorales, los hijos sienten el peso de representar una imagen de perfección ante la congregación, lo que los lleva a ocultar sus emociones y a vivir bajo una presión constante por no defraudar las expectativas familiares. Esa realidad, explicó, puede traducirse en ansiedad, conflictos de identidad e incluso episodios de rebeldía durante la adolescencia.

La profesional hizo un llamado a que la crianza esté inspirada en el modelo de Jesucristo, quien corrige con amor y forma el corazón antes que la apariencia. Recordó que la disciplina bíblica no busca satisfacer el ego de los padres, sino conducir a los hijos a una relación saludable con Dios, permitiéndoles crecer con autenticidad, seguridad y equilibrio emocional. «Un niño necesita saber que sigue siendo valioso, incluso cuando se equivoca», enfatizó.

Al concluir su intervención, Marlyn Pérez invitó a los padres, abuelos y cuidadores a revisar la manera en que corrigen y orientan a sus hijos, recordando que el verdadero amor no exige perfección, sino que acompaña, guía y fortalece. «No criemos hijos que vivan para cumplir expectativas; formemos personas que conozcan su valor en Dios y desarrollen plenamente el propósito para el cual fueron creados», concluyó.

Dra. Marlyn Pérez Martes

Redacción. Buenas Nuevas

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