Pornografía en la iglesia: un pastor cuenta cómo salió

David Bengoetxea, miembro de Off! Just Love, grupo cristiano que ayuda a superar la adicción a la pornografía
Líderes y pastores afrontan una lucha secreta con la pornografía

La pornografía está al alcance de cualquiera, y la iglesia no escapa a sus efectos. Esta adicción ha destruido relaciones, matrimonios y ministerios. Sin embargo, David Bengoetxea asegura que la restauración es posible, porque la vivió. Hoy forma parte de Off! Just Love, un grupo de cristianos que lucha contra la pornografía y acompaña a quienes quieren vivir en libertad. Lo hace “por agradecimiento”: cree que puede compartir lo que recibió. Dar por gracia lo que por gracia ha recibido.

Doce años de doble vida desde el púlpito

El origen de su adicción fue un proceso. Empezó antes de la adolescencia, cuando David encontró por casualidad una cinta de vídeo en casa de su abuela. “Algo se quebró en mi interior”, recuerda. Desde entonces, las recaídas llegaron de forma periódica.

En su juventud mencionó el problema a su pastor, pero nunca volvió a hablar del tema. Ya era líder en su iglesia y temía lo que pensarían de él. Esperó que el matrimonio lo resolviera y, más tarde, que lo resolviera el ministerio. Ninguna de las dos cosas funcionó. Así comprobó que un problema que no se ataja de raíz suele ir a peor.

Para describir la adicción, recurre a la imagen de un dragón que atrapa. Es algo muy atractivo para la carne que termina funcionando “como una droga”, y por eso resulta tan difícil salir solo. Durante doce años pastoreó una congregación mientras mantenía una doble vida, con rachas mejores y peores. Llegó a sentir que no controlaba nada e incluso intentó negociar con Dios: “que sea nuestro secreto”.

Pastor David Bengoetxea predicando a jóvenes con adicción a la pornografía
Pastor David Bengoetxea

El retiro que cambió su historia

El giro llegó en un retiro de hombres llamado “Salvaje de corazón”, que se celebraba por primera vez en España. David fue a desconectar y ya planeaba cómo volvería a caer a su regreso. Pero en un momento de silencio, una charla sobre el fingimiento lo confrontó. Sintió que Dios le preguntaba si todavía quería ser libre. Respondió que sí y entendió que el primer paso era pedir ayuda.

Después del retiro, hizo un año de terapia con un psicólogo cristiano, quien le habló de los grupos de apoyo. Pasó otro año en Sexólicos Anónimos. Cuando pidió ayuda, estuvo a punto de perder lo más importante: su familia, su matrimonio y su ministerio. Hoy, después de “un tiempo prudencial”, colabora con Off! para dar esperanza a otros hombres y pastores.

David distingue dos pasos. El primero es confesar a Dios, sin lo cual “no hay nada que hacer”. El segundo lo descubrió tarde: Santiago 5:16, que invita a confesar los pecados unos a otros y a orar los unos por los otros. «Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho» Hasta entonces no pudo “vivir en luz”, que para él significa vivir sin secretos. Cada recaída lo llevaba a pedir perdón, pero también a sentir culpa y vergüenza. Y no siempre es fácil distinguir entre la convicción del Espíritu Santo y la condenación del acusador, porque a veces se mezclan. Luchando solo, asegura, no lo logró ni siquiera con disciplina.

Grupos de iguales: espacios seguros dentro de la iglesia

David cree que la iglesia está cada vez más consciente de la necesidad de prevenir y ayudar. La pornografía está presente de forma abrumadora en la sociedad digital y afecta a todos los estratos, incluida la iglesia. Él mismo se desprendió de su teléfono móvil durante un tiempo, como un “guardarraíl” para no volver a descarrilar.

El lema de Off! es liberar a la iglesia de la pornografía y sus derivados. Para David, la raíz que hay que atajar es la lujuria, y se puede ser lujurioso sin consumir pornografía. Señala además que las esposas necesitan saber con quién están casadas y en qué punto está la lucha de su marido. Por eso, Off! también ofrece apoyo a mujeres que sufren las consecuencias.

Lo que falta, explica, no es tanto comprensión como lugares donde hablar. Como se da por hecho que en la iglesia todos son santos, muchos no saben dónde, con quién ni de qué manera contar lo que les ocurre. Por eso apuesta por grupos de iguales, donde todos pasan o han pasado por lo mismo y se crea un entorno seguro y confidencial.

Para David hay una diferencia clara entre pedir ayuda por iniciativa propia y ser descubierto. Se alegra de haber confesado él, movido, dice, por el Espíritu Santo. Anima a quien sienta que Dios le dice “es tu tiempo” a aceptar la invitación, porque la libertad trae paz con Dios, con los seres queridos, con uno mismo y con la iglesia. Hoy se pregunta de qué sirve salvaguardar las apariencias si la vida se pudre. “La libertad no se negocia”, concluye: es la herencia de los hijos y es momento de recuperarla.

Tomado de Protestante Digital. Editado por Buenas Nuevas

Puedes leer:

Una mujer trans brasileña cuenta cómo su acercamiento a Jesús y a la iglesia marcó una nueva etapa en su vida espiritual.

Mujer trans relata cómo su fe en Jesús transformó su vida

Sé el primero en comentar

Deja un comentario

Tu dirección de correo no será publicada.


*