CONSTRUCTORES   DE   TEMPLOS

Al ver estos hombres (clérigos católicos y ministros protestantes) empeñados y afanados en construir templos y restaurar catedrales, y paralelamente a esto, miro con tristeza un pueblo sumido en la pobreza física y moral, me pregunto: ¿Esto de construir y restaurar catedrales, es realmente lo que quiere Dios? ¿Son estas edificaciones de cal y cemento donde se adora por igual el hierro (Cristos latinoamericanos, como si Cristo no fuera universal), el yeso, el leño y la madera, estimulando así la ignorancia de pueblos hundidos aún en la barbarie de la idolatría como rezago de épocas pretéritas y primitivas que se consideran ya superadas y como vestigio de un paganismo todavía supérstite, lo que agrada a Dios?

El orgullo de los judíos en el antiguo Israel era su templo. El templo que Salomón le edificó a Jehová para la organización del culto que antes se hacía en el tabernáculo del desierto para trasladarlo a Jerusalén como sede permanente.

Pero sabemos que históricamente este templo fue destruido por Nabucodonosor, restaurado por Edras y Nehemías al retorno de la deportación de Babilonia. Y finalmente Tito y sus legiones romanas lo destruyeron en el año 70 d.C., cumpliéndose así la predicción que de este hecho hizo el Mesías, cuando dijo a sus discípulos: “¿Veis todo esto? De cierto os digo, que no quedará aquí piedra sobre piedra que no sea derribada” (Mateo 24: 1,2).

En otra ocasión Jesús dijo a los fariseos: “Destruiré este templo, y en tres días lo levantaré y dijeron ellos: en cuarenta y seis años fue edificado este templo ¿y tú en tres días lo levantarás? Pero no sabían que se estaba refiriendo al templo de su cuerpo y por ende a su resurrección”. (Jn 2: 19-20).

En el libro de los hechos, Dios habla a través de su emisario el evangelista  San Lucas para decirnos: “Mas Salomón le edificó casa; si bien el Altísimo no habita en templos de mano dice el profeta: El cielo es mi trono, y la tierra el estrado de mis pies. ¿Qué casa me edificaréis? Dice el Señor; ¿O cuál es el lugar de mi reposo?” (Hechos 7: 47-50).

Jesús dijo también a la mujer samaritana: “Mujer, créeme, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre” (Jn 4: 21).

Jesús y la mujer Samaritana

El concepto material y antiguo testamentario del templo evoluciona cuando San Pablo, Apóstol de los gentiles y en los albores de la Iglesia, lo transfiere a una esfera espiritual o mística al preguntar: “¿No sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios mora en vosotros, el cual tenéis de Dios y que no sois vuestros?” (1 Corintios 3:16).

¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios y que no sois vuestros?” (1 Corintios 6:19).

En el Salmo 51, 18b Dios dice a su siervo David: “Edifica los muros de Jerusalén”. Jerusalén es la Iglesia como cuerpo de Cristo, la cual debemos edificar espiritualmente sobre el fundamento de la palabra, no sobre el fundamento de la piedra física y del cemento.

Querido hermano que me lees: Tú puedes estar asistiendo a un templo grande, enorme, donde te atraen y te deslumbran el lujo y la suntuosidad de sus paredes o de su construcción, pero si no estás recibiendo una doctrina sana, un Evangelio depurado de toda falsedad, y por el contrario, te están dando una doctrina espuria, falsa, no estás haciendo nada allí. Las paredes del templo no te van a salvar.

Finalmente, en el libro de  Apocalipsis 21:22 en la descripción de la nueva Jerusalén, el Apóstol San Juan anota: “Y no vi en ella templo; porque el Señor Dios Todopoderoso es el templo de ella y el cordero”.

Conclusión: Muchos pastores (católicos y protestantes), guiados por un falso y erróneo criterio, se afanan por construir grandes y suntuosos templos, pero eso no fue lo que Cristo mandó, porque el ladrillo y el cemento serán destruidos a la segunda venida de nuestro Señor Jesucristo. Lo que Cristo ordenó fue que “edificarnos espiritualmente”, no en sentido material o arquitectónico, aunque esto, a nivel cívico y urbanístico sea bueno.

Escrito por el hermano JOSE L. ANGULO MENCO, filosofo, escritor, especialista en Ciencias Religiosas y Sagradas Escrituras y docente universitario.

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2 Comentarios

  1. Muy acertado este escrito, a demás debemos tener en cuenta que Dios a través de Su Palabra nos habla de ir a predicar a enseñar; no quedándonos estáticos y este fenómeno se presenta hoy en día. Mega templos llenos, pero en las calles las personas no están saliendo a cumplir con el mandato de Jesús.

    Las personas van a los templos, independientemente de la denominación, pero, no se está predicando en las calles ni haciendo discípulos; discipulados si (están exagerado cursos tras cursos, talleres, estudios tras estudios) pero, la verdadera misión no se está cumpliendo.

  2. Es tiempo de reflexionar si estamos edificando nuestro templo espirirual con la Palabra de Dios y si estamos cumpliendo con su voluntad al mandarnos a alcanzar a los perdidos; lo demas es pura vanagloria. Bendiciones.

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