Un hombre estaba a un paso de lanzarse al vacío desde el puente Victory Memorial, en Nashville, Tennessee, mientras transmitía en vivo por internet su intención de saltar. El teniente de policía Mike Hotz llegó al lugar y, en vez de gritarle o tratarlo con dureza, se acercó despacio y comenzó a hablarle con palabras sencillas: «Me llamo Mike… ¿puedo hablar contigo?». El hecho, ocurrido el 23 de julio sobre el río Cumberland, quedó registrado por la cámara corporal del oficial.
Como veterano de combate y con experiencia en el Equipo de Negociación de Crisis, Hotz sabía que aquel hombre necesitaba escucha antes que órdenes. Le prometió no hacer ningún movimiento brusco —»No voy a intentar nada raro. Te lo prometo delante del Señor»— y pidió permiso para estrecharle la mano. Ese gesto de confianza recuerda la promesa de Salmos 34:18: «Jehová está cerca de los quebrantados de corazón; y salva a los contritos de espíritu» (RVR60).
El momento decisivo llegó cuando el oficial le dijo: «Te amo. Todo va a estar bien». El hombre abandonó el borde del puente y caminó hacia los agentes, en un abrazo que pareció liberar toda la angustia acumulada. Cuando la emergencia terminó, Hotz se apartó unos minutos y oró, agradeciendo a Dios por haberlo colocado en el lugar y el momento correctos, como un eco de Proverbios 3:6: «Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas» (RVR60).
Este rescate recuerda que una conversación, un oído dispuesto y una palabra de amor pueden detener a alguien que siente que ya no puede más. La oración es fundamental, pero toda persona en peligro también necesita acompañamiento y ayuda profesional inmediata.
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