“¿Qué estamos haciendo como Iglesia? Crítica y llamado urgente a la transformación”

En un mundo donde las injusticias y desigualdades son moneda corriente, la iglesia se enfrenta a una pregunta apremiante: ¿Qué estamos haciendo realmente? ¿Estamos cumpliendo con el mandato claro y directo de Jesucristo? O, ¿nos hemos perdido en la grandiosidad de nuestros templos, enredados en las telarañas de la burocracia eclesiástica? Es tiempo de una evaluación crítica y una autorreflexión profunda sobre nuestra verdadera dedicación a los principios de amor, servicio y sacrificio que Jesús enseñó con su vida. En este artículo, nos adentraremos en una reflexión crítica y profunda sobre cómo la iglesia puede convertirse en un agente de cambio significativo en la sociedad.

1. Es cuestión de ir y hacer, no estar y esperar:

Jesús nos enseñó que el amor se demuestra a través de nuestras acciones. No es suficiente hablar del amor; debemos mostrarlo. Ir a las calles, ofrecer alimentos a los hambrientos y ayudar a los necesitados es el mandato ineludible de nuestra fe. En Mateo 25:35-36, Jesús nos recuerda: “Porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; fui forastero, y me dieron alojamiento; necesité ropa, y me vistieron; estuve enfermo, y me atendieron; estuve en la cárcel, y me visitaron“.

2. ¿Y si priorizamos al desamparado?:

El evangelio no se trata de ladrillos y mortero, sino de corazones transformados y vidas restauradas. ¿Por qué gastamos millones en construir templos que a menudo están vacíos durante la semana, mientras las personas en nuestras comunidades luchan por sobrevivir? ¿Por qué no invertimos en educación, en vivienda para los desamparados, en programas de alimentación para los hambrientos? En 1 Corintios 3:16, se nos recuerda: “¿No saben que ustedes son templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en ustedes?“.

En lugar de gastar millones en edificaciones suntuosas, debemos también invertir en las personas. Santiago 2:15-16 nos dice: “Supongamos que un hermano o una hermana no tiene ropa y no tiene qué comer. Si alguno de ustedes les dice: ‘Vayan en paz, caliéntense y llénense el estómago’, pero no les da lo necesario para su cuerpo, ¿de qué sirve?”

3. Un Evangelio que se Vive Más que se Predica:

La iglesia no es un club exclusivo para los justos, sino un hospital para los pecadores. Debemos salir y alcanzar a aquellos que más necesitan escuchar el mensaje de esperanza que llevamos. En Lucas 19:10, Jesús nos recuerda su propósito: “Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido“. El evangelio no es solo palabras; es acción, es amor en movimiento. ¿Estamos siendo verdaderos testigos de Cristo en el mundo? En Santiago 1:22, se nos advierte: “Pero sean hacedores de la palabra y no tan solamente oidores, engañándose a ustedes mismos“. ¿Estamos viviendo el evangelio o simplemente hablando de él los domingos?

4. La Cruda Realidad de la Pandemia: ¿Diezmos o Canal de Bendición?:

Es lamentable ver cómo, durante la pandemia, algunas iglesias se enfocaron más en recolectar diezmos y ofrendas que en ser un canal de bendición para los necesitados. ¿Dónde quedó el amor al prójimo en tiempos de crisis? 1 Juan 3:17 nos insta: “Pero el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano en necesidad y cierra su corazón contra él, ¿cómo puede estar el amor de Dios en él?“. La pandemia nos mostró una dualidad impactante en la iglesia. Mientras algunos sacrificaban sus recursos para ayudar a los necesitados, otros se aprovechaban del miedo y la desesperación, exigiendo diezmos y ofrendas sin mostrar compasión ni empatía. ¿Dónde quedó la solidaridad? ¿Dónde quedó el amor al prójimo que tanto predica el evangelio? La iglesia no puede ser un negocio que prospera en tiempos de crisis; debe ser un refugio y un recurso para los vulnerables.

Conclusión: Un Despertar Urgente y Una Transformación Profunda

Es hora de que la iglesia deje de ser una institución estática y se convierta en un movimiento dinámico de amor y gracia. Que nuestras acciones hablen más fuerte que nuestras palabras, y que nuestro amor al prójimo sea el distintivo que nos identifique en un mundo necesitado de esperanza y redención. En última instancia, la iglesia necesita un renacimiento. Necesita volver a sus raíces, despojarse del lujo innecesario y abrazar la humildad y la compasión que Jesucristo personificó. Necesita ser más crítica consigo misma, más audaz en su amor, más radical en su servicio. La iglesia no es un club exclusivo para los piadosos; es un hospital para los heridos y un santuario para los desesperados.

Este es un llamado urgente a dejar de lado las excusas y actuar. A dejar de construir muros que nos separan del mundo y empezar a construir puentes que lo unan. A dejar de hablar de amor y empezar a demostrarlo con hechos tangibles. Este es un llamado a la iglesia a despertar del letargo cómodo y abrazar la pasión, la compasión y el sacrificio que el evangelio demanda. Solo entonces, seremos verdaderamente la luz del mundo y la sal de la tierra que Jesús nos llamó a ser.

Escrito por: Joel Serrano, Administrador de Empresas, especialista en Gerencia de Producción y Logística y Teólogo.

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1 Comentarios

  1. Excelente reflexión y exhortación al pueblo de Dios. Lograr ser autocríticos y examinar a que estamos dando prioridad, si al activismo y la infraestructura lujosa o a las verdaderas necesidades del hermano, moviéndonos en amor.

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