Claves para su correcta interpretación
Continuación
- ¿CUÁNDO HIERE LA PIEDRA?
Es muy extraño que una profecía tan sencilla sea mal interpretada; pero eso es cabalmente lo que ocurre. Los que sostienen que nuestro Señor no vendrá sino hasta después del milenio, han luchado por darle por significado la primera venida de Cristo. Al hacer esto, no solo han fracasado miserablemente, sino que se han tomado demasiada libertad con la Palabra de Dios, y han introducido en ella lo que allí no existe absolutamente. Algunos dicen que el nacimiento de Cristo fue la fecha en que comenzó a herir el mundo pagano. Otros piensan que fue el día de Pentecostés, o la destrucción de Jerusalem y otros acontecimientos históricos, como el edicto de Constantino el Grande.
Nos hablan de un reino espiritual, que comenzó con Cristo nuestro Señor, y de veras nos dicen que esta piedra ha caído con gran ímpetu, como una piedra que rueda habiendo comenzado en Cristo, y que continúa rodando desde entonces a través de los siglos, y que conforme rueda se hace más y más grande, hasta que al fin más tarde esta piedra rodante se habrá formado una gran montaña que llenará toda la tierra.
Esta doctrina enseña que poco a poco este reino se ensancha por todo el mundo por medio de la iglesia, y gradualmente el paganismo cede.
Hoy día se oye mucho respecto a la extensión de ese reino por medio del movimiento misionero llevado a cabo por legos o seglares, recibiendo la piedra rodante más impulso mediante grandes sumas de dinero, que nos traerán el reino.
Pero todo esto es un error. Trastorna del todo la Palabra de Dios; nos lleva a la confusión más incomprensible. Nuestro Señor Jesucristo en su primera venida no dio el mandamiento de desmenuzar el dominio de los gentiles por medio del Evangelio, ni tampoco atacó al imperio romano, que estaba en ese tiempo en completo dominio mundial. En realidad, el imperio romano fue, oficialmente, el medio o instrumento de su muerte en la cruz. Él no hirió a la imagen; la imagen, por decirlo así, lo hirió a Él.
Ahora bien, la piedra hiere los pies, y en ellos los diez dedos; por tanto, antes de que la piedra hiera, es necesario que existan los diez dedos para herir. Pero cuando nuestro Señor vino la primera vez el imperio romano era una unidad; la división Oriental y Occidental del imperio romano, representada por las dos piernas de la imagen, todavía no había acontecido. Si, pues, no existían las piernas todavía, ni los pies, ni los dedos se veían, ¿cómo era posible que la primera venida de Cristo fuera el cumplimiento de este sueño? Todo esto es muy fácil de comprender: la piedra hiere a la imagen, cuando los diez dedos, o sea la división final en diez reinos, existan en el imperio romano rehabilitado.
- UNA GRANDE CATÁSTROFE
Aún más, cualquiera puede ver que la piedra que hiere, no puede significar la pacífica extensión de un reino espiritual, ni la predicación del Evangelio, sino que es una gran catástrofe. Será un aplastante golpe destructor que esta piedra descargará. Y no olvidemos que será DESPUÉS DE HABER HECHO SU OBRA DESTRUCTORA, después de haber sido pulverizada la gran imagen, que la piedra se convierte en una gran montaña que llena la tierra. La piedra que cae de arriba es la segunda venida de nuestro Señor Jesucristo, su venida en grande poder y gloria.
Cuando los diez reinos existan, hierro y arcilla, una tremenda y terrible apostasía de Dios reinará en la tierra. La gran civilización de los gentiles, aunque se llame “cristiana,” han de llamarse las naciones que la sostienen, se habrá hecho por completo anticristiana. Entonces se cumplirá la primera parte del Salmo segundo. La rebelión contra Dios y contra su Ungido estará de moda. Entonces vendrá el golpe destructor. Lo que menos esperarán de arriba, vendrá, a saber, la intervención divina. El Dios del cielo establecerá el reino de Cristo y entronará Su Rey sobre el Santo Monte Sion.
Pero el primer acto de Dios será la destrucción completa y el juicio de la forma última y final del dominio gentílico mundial. ¡Cuán terrible juicio será ese! Entonces terminará el cristianismo militarista; y “el día del hombre” con su cacareado progreso y su decantada civilización, y con su deificación del hombre, llegará a su fin. Su sol se pondrá rodeado de las oscuras nubes del juicio. Los huracanes del divino descontento e ira barrerán a todo aquello que desafió a Dios y rechazó su más caro y grande don.
Al hombre natural y aún al hombre religioso todo esto suena demasiado pesimista. A veces preguntan: “¿será posible que todo esto suceda?” Poco importa lo que piense el hombre, esto está escrito en la Palabra de Verdad, que es la infalible Palabra de Dios. Todas las demás partes del sueño de Nabucodonosor han tenido su cumplimiento literal. La pulverizadora piedra cortada de la montaña, no por manos de hombre, que herirá los diez dedos y que desmenuzará toda la imagen, la completa finalización de los tiempos de los gentiles y del dominio de ellos, todo se cumplirá de igual manera, es decir, literalmente. Dios nos conceda que el progreso moderno, progreso sin Dios y sin Cristo, no venga a nublar, ante nuestra vista, el hecho del verdadero fin y cabo de esta edad y de su gloria ficticia.
Pero hay un aspecto agradable en este oscuro cuadro: la piedra que ejecuta el juicio se convierte en una gran montaña que llena toda la tierra. Esta es la representación de la entrada del reino de nuestro Señor Jesucristo. Entonces el verdadero reino de Cristo, literal y políticamente “un Reino,” será planteado, y todas las naciones de la tierra serán puestas bajo el glorioso y pacífico gobierno del Hijo de Dios y del hombre. Entonces Él volverá a los suyos y dominará sobre todas las naciones y lenguas. Entonces, y nunca antes, las maravillosas visiones de los santos profetas de Dios referentes al “Reino” serán gloriosamente cumplidas.
ADMONICIÓN FINAL
- Temed a Dios, y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado. (Apocalipsis 14:7)
- El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado, arrepiéntanse y crean en el evangelio. (Marcos 1:15)
¡Arrepiéntanse! Dejen el Carnaval y el fútbol y busquen a Dios. Él nos está esperando con sus brazos abiertos.
- “La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros. Amén.” (2 Corintios 13:14).

Escrito por: JOSE L. ANGULO MENCO, filosofo, escritor, especialista en Ciencias Religiosas y Sagradas Escrituras y docente universitario.


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