Cristo y la filosofía

El hecho filosófico y el hecho religioso aparecen vinculados íntimamente a lo largo de la historia. En las filosofías orientales el saber filosófico se confunde con las prácticas religiosas; en el escolasticismo medieval la filosofía es un fundamento indispensable de la ciencia teológica (filosophía ancila teología).

Etimológicamente “filosofía” equivale a afición por la sabiduría. Se cuenta que preguntando a Pitágoras por Leonte si quería ser llamado “Sabio” (sófos) contestó que le bastaba con el nombre de filósofo, (filos-sófos), amante o aficionado a la sabiduría. Algunos autores refieren que Sócrates, filósofo ateniense del siglo V a.C.,  fue quien primero se atribuyó el nombre de filósofo, como una protesta contra el título  pomposo de sabios (sófoi) que se daban así mismo los sofistas.

Para llegar a una definición real de filosofía. Cabe advertir que ninguna satisface plenamente. Sin embargo, debemos establecer que las diversas fórmulas para definirla coinciden en considerar la filosofía como aspiración a un saber superior, pues la filosofía es un conocimiento alcanzado por la reflexión crítica, a diferencia de la creencia religioso apoya en la revelación.

Sócrates

Filosófico vs religioso

El hecho filosófico y el hecho religioso aparecen vinculados íntimamente a lo largo de la historia. En las filosofías orientales el saber filosófico se confunde con las prácticas religiosas: en el escolasticismo medieval la filosofía es un fundamento indispensable de la ciencia teológica (filosophia ancila teologiae).

Sin embargo, el saber filosófico va despojándose paulatinamente de todo mito, de toda creencia y de todo elemento no verificable por la razón. Así van delimitándose los campos de la filosofía y la teología, fundamentando el primero en la razón humana y el segundo, en la revelación divina. Pero como sabemos que la razón humana es finita y sólo puede conocer lo que está enmarcado dentro de las categorías del tiempo y del espacio, según lo demostró el célebre filósofo alemán Inmanuel Kant en su obra “Crítica de la razón pura”, tenemos que admitir también que la revelación divina, la Palabra de Dios está por encima de la razón y de todo conocimiento humano. Por eso, el apóstol San Pablo, con una visón teocéntrica, y “puestos los ojos en Cristo, autor u consumador de la fe”, nos advierte: “Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo”, (Colosenses 2:8).

“Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad, y vosotros estáis completos en él, que es la cabeza de todo principado y postetad”. (Colosenses 2:9,10).

Escrito por el hermano JOSE L. ANGULO MENCO,
filosofo, escritor, especialista en Ciencias Religiosas y Sagradas Escrituras y docente universitario.

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