La Red

“Asimismo, el reino de los cielos es semejante a una red, que echada en el mar, recoge de toda clase de peces; y una vez llena, la sacan a la orilla; y sentados, recogen lo bueno en cestas, y lo malo echan fuera. Así será al fin del siglo: saldrán los ángeles, y apartarán a los malos de entre los justos, y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes.” (Mateo 13: 47-50)

La parábola de la red arrojada en el mar es semejante en algunos puntos a la del trigo y la cizaña. Tiene por objeto darnos a conocer un asunto de gran importancia, es a saber: la verdadera naturaleza de la iglesia de Cristo.

La predicación fue el arrojar una gran red en medio del mar. Las congregaciones que había de reunir serían cuerpos mixtos. Dentro de las mallas de la red se encontrarían peces de todas las especies, buenos y malos: dentro del gremio de la iglesia se encontrarían cristianos de diversas clases, impenitentes y convertidos, falsos y verdaderos; y la separación de los buenos y los malos habría de tener lugar algún día; pero no antes del fin del mundo. Tal fue el bosquejo que el Maestro hizo ante sus discípulos de las iglesias que estos habían de fundar.

En esta parábola se nos enseña, pues, que las iglesias son cuerpos mixtos. Decirles, en vista de ella, a todos los que han sido bautizados, que poseen el Espíritu Santo y han nacido de nuevo, es cometer un desatino. Con semejantes palabras se agrada y se lisonjea, más no se produce bien a nadie, a nadie se salva.

Finalmente, no nos contentemos con ser miembros de la iglesia de una manera externa. No todos los que están dentro de la red son verdaderos discípulos de Jesucristo. Muchas personas que reciben las aguas del bautismo jamás reciben las de la vida eterna. Muchos que participan del pan y el vino en la Cena del Señor jamás se alimentan del cuerpo de Cristo por medio de la fe. ¿Te has convertido amado lector? ¿Te encuentras en el número de peces buenos? Esta es una cuestión de gran trascendencia, pues pronto se sacará la red a la playa y se efectuará la separación de los peces.

Escrito por el hermano JOSE L. ANGULO MENCO, filosofo, escritor, especialista en Ciencias Religiosas y Sagradas Escrituras y docente universitario.

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